Una mano extendida hacia el delito


Por Horacio Cecchi

La gestualidad es interpretable. Se debe interpretar, sobre todo cuando se trata de política, donde los hechos suelen correr más o menos separados de las palabras. Mucho más con este gobierno. Ayer, Macri hizo uso de la gestualidad. El momento, el espacio, las coincidencias, el discurso. Recibió a un policía en la Casa Rosada, le tendió la mano con una sonrisa.

Es cierto que el policía deberá, por su propio futuro, revisar los resultados de esa sonrisa ofrecida a otros –los obreros de Cresta Roja podrán hacerle una acabada síntesis de la sonrisa macrista y sus resultados inmediatos—, pero eso es aguja de otro pajar. Acá, simplemente, se trata de la gestualidad de Macri hacia afuera, desde dentro de la Casa Rosada pero hacia afuera. A la sociedad. A los policías. A los jueces.

El policía, en ese caso, es un objeto de esa gestualidad.

En qué consiste la gestualidad, qué dice: ayer se cumplieron seis meses desde que Santiago Maldonado murió/desapareció durante una persecución de gendarmes enviados a reprimir a tiros. A su familia no sólo no le tendió la mano, ni la invitó a la Rosada, sino que la situó en el bando contrario. La confrontó. No solo no hubo apoyo sino que en la línea de las dos muertes, la de Santiago y la de Pablo Kukok, el adolescente de 18 años baleado por el policía, ambas víctimas fueron ubicadas en la misma vereda.

Lo que dice Macri es que los asaltantes recibirán balas, la muerte. Recuerden a Carlos Ruckauf, su meter bala y su mano dura, y cómo terminaron esas banderas de campaña.

Lo que dice Macri es que a los que roban (de los otros) no importa si se los mata, y a los que desafían su política, tampoco importa. Ambos, son enemigos. Eso es lo que cunde socialmente y eso es lo que mejor hace este gobierno, inflamar esos odios ciegos y desmemoriados, y recostarse sobre ellos para obtener réditos. Ningún gobierno resistiría si enfrentara el juicio de la sociedad sin circo (el pan está carísimo y el fútbol se cobra, asique el odio debe insuflarse todo el tiempo, es la caldera de su motor).

Qué está diciendo Macri al recibir al policía Luis Chocobar al día siguiente de que el juez de menores interviniente en el caso del fusilamiento por la espalda de Kukok lo procesara (es decir, encontrara evidencias para investigarlo y posiblemente llevarlo a juicio) y embargara por 400 mil pesos.

¿Qué dice el Presidente de la Nación cuando sostiene que “lo vamos a ayudar” y cómo escucha esa propuesta de ayuda el juez de la causa? ¿Le será fácil leer la letra de la ley y disponer a su libre albedrío? ¿Se puede sentir liberado el juez cuando Macri apunta a que “hay cámaras” con lo que está diciendo que encima del juez hay una apelación a un tribunal superior? ¿Se podrá pensar que el presidente ya conversó con los camaristas o es que se abstuvo para sostener la independencia de poderes? ¿Se puede suponer que el presidente Macri sospeche por algún motivo desconocido, que la justicia es independiente? ¿Se puede entender cómo parte de la sociedad puede creer que Macri defienda la independencia de la justicia, si no es que esa parte esté cegada por el odio? Porque es una burla en sus narices. O tal vez se pueda entender que ese soporte social está simplemente desinteresado.

Y dijo más. Le dijo a los otros policías, los otros dispuestos a quedar expuestos como Luis Chocobar: recibir un arma no exige preparación; si reciben preparación es para matar y no para persuadir; si quedan expuestos el Estado los va a proteger; se les va a poner abogados de la misma fuerza policial para discutir las leyes que ellos supuestamente deberían proteger; les dijo que las leyes no son para cumplir y los jueces no son para obedecer, a los jueces se los convence de una manera o de otra, para que sean independientes pero no del sentido común del presidente, que ya se ve hacia donde apunta.

Lo que no va a decir porque comprometería seriamente todo su discurso, es que la paga es magra; que hace casi 20 años, hubo un meter bala oficial que terminó en Ramallo con la muerte de dos rehenes, un gerente de Banco y un tesorero, a manos policiales, que esos policías terminaron con perpetuas ante la justicia. Ni va a recordar que un poco antes, también insuflados por el meter bala, se produjo el fusilamiento del pibe Mariano Witis, el joven músico baleado en San Isidro junto a Darío Riquelme, uno de los asaltantes, ambos víctimas de la impericia y brutalidad policial.

Y mucho menos les va a decir que el 8 de diciembre pasado, al otro pibe, el cómplice de Kukok que escapó corriendo, lo atraparon dos peatones y estaban desarmados.

No les va a decir que se puede sin tirar a matar, Chocobar, pero se puede.

En: Página/12

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