“El derecho penal es masculino”


“La mirada feminista no es incompatible con el derecho penal”

Julieta Di Corleto, secretaria general de Capacitación y Jurisprudencia de lajulieta di corleto Defensoría General de Argentina y docente por la Universidad Nacional de Buenos Aires, ha escrito numerosas publicaciones sobre justicia de género y derecho penal. Está en Lima para dar una conferencia magistral en el Seminario Internacional: La perspectiva de género e interculturalidad en la configuración

típica y valoración probatoria de delitos sexuales, organizada por DEMUS y la Defensoría del pueblo.

En una coyuntura en la que el Perú busca incluir la visión de género en el sistema de justicia siendo el tercer país con mayor tasa de violaciones sexuales, Julieta Di Corleto nos habla de su experiencia, de los aportes al derecho penal y reflexiones necesarias sobre la equidad, la discriminación desde el derecho penal y el accionar de los operadores de justicia.

Por Amanda Meza

En al año 2000 una amiga canadiense le regaló un libro en el que una mujer relataba su experiencia sobre acoso en el ámbito laboral. Esa lectura, sencilla y espontánea, le abrió una nueva perspectiva de su vida. Julieta pudo reconocer en las palabras de esa otra mujer desconocida, su propia experiencia.

“Fue la primera vez que le pude poner nombre a algo que me había pasado a mí y a partir de allí no abandoné la causa. Se me cruzaron todas las cuestiones de metodología feminista, la naturalización de la violencia, el no poder dar nombre a nuestras vivencias; reflexioné acerca de mi forma de pensar, mis relaciones, y lo fui cruzando con lo formación en el derecho penal”, cuenta.

Aunque no fue fácil tratar de cambiar una forma de pensar el derecho penal, fue inevitable y necesario tratar de demostrar, pese a un mundo académico y laboral resistente, las consecuencias de pensar que el Derecho es neutral e igualitario. Había que poner en escena a la mujer y cómo a esta le afecta la ley.

“Me encontré con mucha resistencia en el entorno cercano, un calificativo que más me pesó fue cuando me dijeron: ‘lo que haces no es Derecho’”.

Entonces, había que demostrar que se puede circular por discusiones académicas y que los estudios de género no deben ser una periferia, pues esta mirada debe estar transversalizada. “Era necesario reflexionar sobre cómo pensamos el derecho penal, tan cerrado, tan falsamente objetivo y neutral”, apunta.

Julieta, como adjunta en la Defensoría General, ve cómo en esa institución se van concibiendo los liderazgos femeninos. Surge otro espacio. “La Defensora General de Argentina ha establecido la capacitación obligatoria para todos los integrantes del Ministerio Público de la Defensa. Asimismo, con ese mismo compromiso participa en capacitaciones a jueces y fiscales. En este sentido, tengo el privilegio de trabajar en una institución que acompaña el movimiento”, agrega.

-¿Cómo se incluye la perspectiva de género en el derecho penal?
La mirada feminista no es incompatible con el derecho penal. Hay un discurso muy simplificado, que ve a la teoría feminista como un movimiento punitivista, que pretende más derecho penal para los varones, que quiere terminar con las garantías y flexibilizar los estándares probatorios, pero la realidad es que esta es una lectura muy limitada, y desconoce los aportes de la teoría de género en otras áreas en pos de menos derecho penal. El derecho penal es muy masculino, predomina la mirada del varón y la inserción de la mirada de género genera resistencias, pero aquí estamos para reflexionar en qué medida el derecho penal incluye el derecho de las mujeres.

-¿Por qué creíste necesario analizar cómo se valoran las pruebas en casos de violencia sexual?
Como ejercicio académico tiene que ver con que piensas en el derecho de fondo, cómo se define el homicidio, violencia, reacción violenta, pero se trabaja poco sobre las reglas de procedimiento, los protocolos. Una cosa es cómo interpreto cuando digo que hay abuso sexual, pero también con el sesgo que existe en la práctica de investigar.

-Si no se ve como algo estructural, que cruce todas las instancias del sistema de justicia, entonces deja un vacío… ¿Qué hacer?
Hay que ir tapando los agujeros, revisar cómo va a ser juzgada la mujer imputada, cómo está construido el tipo penal que se le aplica, cómo se le interroga, cómo se la escucha, y luego cuál es la pena que se le impone y el tipo de castigo que padece. Y lo mismo para la mujer víctima. En ambos lados del derecho penal.

-Pero, siempre estamos hablando de qué hacer para que a las víctimas se les crea, nunca hablamos de cómo hacer para que no hayan agresores…
Sí, se discute mucho dónde mantenemos recluida a la mujer para que no sea agredida y no se piensa en qué solución tomar respecto al agresor. Eso demuestra cómo la justicia es inequitativa en sus juicios, hay una notoria discriminación cuando se dice que la mujer desató la ira del varón porque algo hizo mal.

-Muchos prejuicios
Sí, existen muchos prejuicios, por ejemplo, en cómo se mide el consentimiento de la mujer, si está casada no puede decir que no a una violación, si aceptó una salida quiere decir que aceptó el acto sexual. También hay prejuicios en cómo se evalúa la denuncia por violencia, está la idea de la mujer que busca un beneficio a partir del denuncia y esto mismo se da cuando la mujer es imputada, no solo cuando es víctima.

-¿Cómo se identifica el prejuicio? Da la impresión que a pesar de ser más visible el discurso sobre discriminación, no se logra actuar de otra manera. Tenemos en Perú una jueza que dice que la violencia es normal porque es producto del estrés…
Yo me inclino a mirar las raíces, qué es lo que hay en el pasado. Si bien pudimos  terminar con normas discriminatorias, lo cierto es que subsisten concepciones tradicionales que, a pesar de estos cambios legales, siguen apareciendo. Si en el pasado las mujeres no podían ser testigos, si no podían asumir tareas en el espacio público, eso va a seguir apareciendo. Tenemos que estar alertas porque toman otras caras, pero son los mismos prejuicios.

-¿Cuales son falencias de los operadores de justicia para buscar pruebas?
Como un ejemplo, si alguien dice me robaron el celular, todo el mundo le cree. Si una mujer dice ser víctima de violación, no pasa lo mismo. Quienes simplifican la discusión dicen que no hay otros elementos de prueba, pero si tienes a un agente policial que recogió la denuncia y la vio a la mujer angustiada, además encuentras a un amigo o compañera de trabajo que la escuchó después del hecho, lo puedes juntar con evidencias físicas o psicológicas, accedes a quienes presenciaron la agresión o acciones previas que sirven como antecedentes, puedes tener los elementos necesarios para una sanción. Las falencias se evidencian desde el momento en que los operadores de justicia piensan que solo nos tenemos que ocupar del testimonio, cuando no es así.

-¿Qué se puede hacer para corregirlo?
Hay dos cuestiones. Una, pensar cómo recolectar las pruebas y, la segunda, cómo se valora el testimonio de la víctima. Si la mujer quita denuncia, se desdice, cambia de versión hay una gran afectación a su credibilidad y no hay reflexión sobre qué es lo que hace el Poder Judicial para que esta mujer no se desdiga. Se enfoca la mirada en la víctima y no en el sistema judicial que tarda  años en procesar una denuncia, no se piensa en un sistema que citan a la víctima siete mil veces para preguntarle detalles completamente irrelevantes, ni se piensa en la desprotección frente a las agresiones que puede recibir del victimario o los familiares del victimario.

Pareciera que hay un sistema que trata de anular la denuncia…
Si hablamos de lo que sucede en Argentina, hay sectores de la academia que dicen que se está ante una nueva caza de brujas entendiendo que las víctimas son los agresores, pero en ningún momento hablan de cómo se pone en duda la versión de la mujer. En este punto prima algo de sexismo, incluso de quienes no se ven a sí mismos como sexistas. Es necesaria la capacitación constante y permanente, pero también el compromiso de la academia para que los cursos incorporen esta perspectiva.

-Entonces, el desafío es…
Hay que repensar la práctica de los operadores de justicia, hay que buscar e invitar a abrir la mirada en lo que es el derecho penal y en que las reglas que lo rigen tienen una mirada sesgada.

En: Demus

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