A la espera de una sentencia


 EL CASO DE ISMAEL LUCENA, QUIEN MURIO A MANOS DE OFICIALES TUCUMANOS

Por Horacio Cecchi

Lucena

Marcelo López y familiares de Ismael Lucena.

Un día más se tomaron los jueces Alicia Freidenberg, Dante Ibáñez y Néstor Macoritto, en San Miguel de Tucumán –la audiencia había sido citada para ayer– para decidir sobre la sentencia a los policías tucumanos Mondino Becero y Arturo Monserrat, acusados de matar de un golpe a Ismael Lucena, y no lograrlo con su amigo Marcelo López, a quien también sometieron a una golpiza, el 11 de noviembre de 2011. El argumento de los polis es que confundieron a los dos jóvenes con ladrones cuando los vieron correr, lo que no les hubiera evitado el juicio por

salvajismo policial. Y es cierto, los dos jóvenes corrieron cuando vieron, de noche, a dos hombres armados (y sin uniforme) que les disparaban. No está claro si de haber estar uniformados no hubieran provocado el mismo o mayor espanto.

El lunes pasado, tuvieron lugar los alegatos. La fiscal de Cámara, Estela Gifionello, recordó el caso en un extenso discurso. Dijo que Lucena y López no se detuvieron porque habían sido “dominados por el miedo y les estaban disparando”. Gifionello sostuvo que Becero es conocido por su violencia, y que a Lucena “le pegó con mucha fuerza, tanta que con un solo golpe le produjo la muerte”. De Monserrat recordó las propias palabras del acusado en su testimonio cuando sostuvo que Becero es violento. “El dijo que sabía que Becero era violento –alegó la fiscal–, pero de todos modos participó del hecho e impidió la huida de Lucena y López cuando ingresaron a una casa para resguardarse”. Gifionello, también sostuvo que “acá no hubo mala praxis”. Para Becero y Monserrat, la fiscal pidió perpetua.

Otros tres uniformados, Rubén Tejerina, Antonio Zelarayán, y Francisco González, son juzgados por encubrimiento agravado, falsedad ideológica e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Para González pidió la pena de ocho años y para Zelarayán y Tejerina, seis.

En los alegatos, el defensor de Becero, Cergio Morfil, ex defensor de Rubén “la Chancha” Ale, pidió primero su absolución. Los argumentos son propios de un defensor y un modelo de la violencia institucional: “No salió a matarlos”, dijo aunque no quedó claro el argumento. “Le dio un solo golpe y no fue con una masa o un martillo, sino con una pistola. Fue para reducirlos, como hacen los policías en todos lados”, argumentó. “Si Lucena y López se tiraban al piso ante la voz de alto, no hubiera pasado nada”, agregó el mediático abogado, invirtiendo las responsabilidades. Además agregó que “pasaron 17 horas desde el golpe hasta la muerte. A ese coágulo había que sacarlo”. Después, pidió que lo juzgaran por homicidio culposo.

El defensor de Monserrat, Roberto Blasco, no perdió el tono de su colega: pidió a los jueces que no se dejaran llevar por la “mediatización que tomó el caso y que influyó en la opinión pública”. Y agregó que Monserrat “llegó al lugar después de que Becero le diera el golpe mortal a Lucena”.

Los defensores de Zelarayán, Tejerina y González pidieron la absolución de los tres acusados por encubrimiento. También lo hace el resto de los policías.

La noche del 11 de noviembre de 2011, Ismael Lucena, de 25 años, volvía de la casa de una amiga, con su amigo Marcelo López que en ese momento no sabía que se convertiría en el principal testigo de la muerte de Ismael. López declaró que los dos empezaron a correr cuando vieron que dos hombres los seguían con armas en la mano. Creyeron que los querían asaltar. Pero los dos perseguidores los alcanzaron luego de efectuar varios disparos. Empezaron por López. Lucena intentó defenderlo. Recibió una paliza. Luego los llevaron al destacamento del Barrio El Gráfico, donde Lucena se descompensó. Horas después murió en el Hospital Padilla.

Desde entonces, el caso de Ismael Lucena se transformó en emblemático de la violencia institucional en Tucumán. Ayer, los jueces del tribunal del juicio, Alicia Freidenberg, Dante Ibáñez y Néstor Macoritto, decidieron postergar hasta hoy la decisión respecto a la sentencia de los cinco acusados.

Isabel de la Cruz, cuñada de Ismael, se cargó los reclamos de la familia y los amigos hasta lograr que se iniciara el juicio, que estuvo demorado durante cuatro años y medio. El caso trascendió las fronteras de San Miguel: Isabel recibió apoyo de HIJOS, Andhes, La Palta, La Poderosa, Apdh, la CTA. También de Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga, el Encuentro de Memoria, Verdad y Justicia, Correpi y otras organizaciones.

Y como señaló el abogado defensor de Monserrat, “el caso conmovió a la opinión pública”.

En: Página/12

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