La cárcel, un tragapersonas improductivo


UNA AMPLIA INVESTIGACION EN ESTADOS UNIDOS DEMUESTRA QUE LA PRISION ES COSTOSA Y QUE NO AYUDA A REDUCIR EL DELITO

Por Horacio Cecchi

“Desde la década del ‘80, el encarcelamiento redujo su efecto en el control del rejasdelito. A partir del 2000, el impacto que tuvo el crecimiento de la prisionalización, en otras palabras, agregar gente a la cárcel, sobre la tasa de criminalidad fue esencialmente cero”. La conclusión surge de un riguroso estudio realizado por un equipo de investigadores de la prestigiosa Escuela de Leyes de la New York University sobre las cincuenta principales ciudades de Estados Unidos, en los 50

estados que componen el conglomerado del Norte. El informe cuenta con consenso entre demócratas y republicanos. “De hecho –remata el informe–, mientras que grandes estados como California, Michigan, Nueva Jersey, Nueva York y Texas reducen sus poblaciones carcelarias la tasa delictiva continúa en descenso”. El informe fue presentado en Buenos Aires ante la presencia, entre otros, de lobbistas y prácticos del manodurismo local.

El informe, titulado “What caused the crime decline?” (¿Qué causa la baja de la criminalidad?), y producido por el Brennan Center for Justice, de la afamada Escuela de Leyes de la NYU, investiga una serie de variables popularmente mencionadas como solución a las tasas de criminalidad: la incidencia del uso de drogas en los delitos, el despliegue masivo de uniformados, la baja en la edad de punibilidad de los adolescentes, la construcción de cárceles y el encierro de personas, entre otras. El resultado que comprueban los investigadores es que ninguna de esas variables tuvo efectos visibles sobre la baja de la tasa de criminalidad, y en algunos casos demostraron que el efecto era cero. Y lo que también los inquieta es que Estados Unidos invierte anualmente 80 mil millones de dólares en mantener el sistema carcelario.

Lo sorprendente del estudio no reside tanto en el descubrimiento de que la relación más cárcel-menos delito no es vinculante, sino en que se llegue a esa conclusión en el país que tiene la más alta tasa de prisionalización del mundo –alrededor de 500 presos por cada cien mil habitantes–, con 2,3 millones de personas alojadas tras las rejas, lo que representa la cuarta parte del total de presos de todo el mundo. “Desde los años ‘70 –señala el informe Brennan–, el encarcelamiento en EE.UU. creció constante y dramáticamente. Las políticas de justicia criminal decretaron durante el pico de la Guerra contra las Drogas en los ‘80 y ‘90 la expansión de la prisionalización como respuesta al crecimiento del crimen y el miedo que desataba. Esto incluye mínimos más altos en las penas, el cumplimiento de la pena, las leyes del ‘tres detenciones y fuera’ (la tercera detención por el motivo que fuera provoca una condena definitiva), aporte de fondos federales para la construcción de cárceles”, entre otros.

El estudio del Brennan Center analiza la tasa de criminalidad desde 1990 hasta 2013, y la compara con el delito violento (DV) (homicidio, violación, robo, asalto agravado), el delito a la propiedad (DP) (robo en vivienda, hurto, robo de vehículos), y el encarcelamiento. Y determina que en ese período el DV se redujo en un 50 por ciento, el DP, en 46, y el encarcelamiento creció el 61 por ciento. Al analizar la década ‘90-’99, los autores –Lauren-Brooke Eisen, Julia Bowling y Oliver Roeder– determinaron que el DV se había reducido 28 por ciento; el DP, 46; y la prisionalización creció esos años el 61 por ciento. “Lo más sorprendente –citan los autores– es que la tendencia no muestra una relación coherente. Especialmente a partir del 2000, el crimen continúa cayendo (en la misma proporción) mientras que el encarcelamiento creció muy lentamente (uno por ciento)”.

Bajó el delito pero no motivado por el encarcelamiento, que no tuvo modificación. Para los autores éste fue un indicio de que la relación directa, más prisión-menos delito, es al menos poco efectiva para explicar el descenso de la criminalidad.

Los investigadores afinaron la búsqueda analizando los efectos de otras 12 variables con posible impacto en la reducción de la tasa delictiva, entre 2000 y 2013:

En el área de políticas de justicia criminal:

– Incremento de la prisionalización: no tuvo efecto en el descenso del DV.

– Tampoco la pena de muerte.

– El aumento masivo del número de policías no tuvo incidencia.

– Tampoco tuvo incidencia la promulgación de leyes sobre portación de armas.

Entre los factores ecónomicos:

– No encontraron evidencias de que el desempleo tuviera efectos.

– El crecimiento de los ingresos tuvo una repercusión de entre 5 y 10 por ciento.

Y entre los factores sociales y ambientales:

– La baja en el consumo de alcohol tuvo un efecto en la caída del crimen entre 5 y 10 por ciento.

– El envejecimiento de la población no tuvo evidencias de efecto.

– Y la baja en el consumo de crack tampoco tuvo efectos.

Entre las evidencias que los investigadores encontraron como más efectivas (entre un 5 y un 15 por ciento) en la caída del delito aparece el modo en que es utilizada eficientemente la policía.

Policías y cadalso

Otra de las bases del relato de la inseguridad que se puso en discusión en Estados Unidos fue la contratación y despliegue masivo de fuerzas policiales como medida para combatir la delincuencia. El estudio realizado por Brooke Eisen, Bowling y Roeder, avanza sobre el punto y propone que la contratación masiva es ineficaz. “Este informe encuentra que el aumento en la cantidad de oficiales de policía tuvo un modesto efecto descendente en el delito en los 90, de entre 0 y 10 por ciento”, dice, y agrega que el efecto empezó a ser “insignificante en los 2000”.

Por otro lado determinaron que la relación entre la aplicación de la pena de muerte y la reducción del delito es tan débil que es comparable a cero.

ENTREVISTA A LA INVESTIGADORA LAUREN-BROOKE EISEN, DE LA NYU

“Alternativas a la prisión”

Lauren-Brooke Eisen sostuvo durante una entrevista concedida a Página/12 que en Estados Unidos existe el proyecto de reducción de la prisionalización mediante medidas alternativas. Uno de los impactos en la reducción del delito es la eficiencia policial.

Por Horacio Cecchi

Lauren-Brooke Eisen es abogada, consejera senior del Programa de Justicia de la Escuela de Leyes de la New York University y participó en la investigación del Brennan Center for Justice. Estuvo en Buenos Aires presentando el informe, invitada por Diálogo Abierto, del Centro de Extensión de la Universidad de Congreso. Durante una entrevista concedida a Página/12 , sostuvo los lineamientos de la investigación realizada sobre los 50 estados, en las 50 ciudades más populosas.

–¿Qué promovió la investigación, el objetivo del informe?

–La mayor parte del informe se refiere al impacto del encarcelamiento en el delito. La conclusión más importante es que el incremento del encarcelamiento tiene muy poco impacto en la reducción del delito. El 5 por ciento en total, sobre el 23 por ciento de reducción del delito. Ese 5 por ciento en los 23 años que investigamos (1990-2013) se explica de un 0 a un 12 por ciento en los años ‘90 y prácticamente 0 por ciento en los años 2000. Todo ese efecto del 5 por ciento está en la primera década y prácticamente cero en la segunda. El aumento de encarcelamiento tuvo un efecto mayor en los ‘90 y no lo tuvo en el 2000 porque se empezó a encarcelar mucha más personas que antes y tuvo mucho menos efecto.

–Si no fue el encarcelamiento, ¿qué fue lo que hizo impacto en la caída del delito?

–Sorprendentemente para nosotros en el centro Brennan, es significativo el impacto que tiene la gestión policial. Estudiamos el impacto que tiene el número de policías contratados, y una técnica específica para la gestión policial que se llama CompStat, una técnica de eficiencia policial, rendición de cuentas, consultas a la sociedad, velocidad de acción, cruce de datos.

–¿Cómo es la propuesta alternativa a la cárcel con un delito menor?

–El informe no dice que si se comete delito no debe haber sanción. El informe sostiene ideas que tengan que ver con alternativas al encarcelamiento. Tribunales relativos a casos específicos de drogas, o tribunales relativos a desórdenes mentales.

–Pero en el caso de drogas, por ejemplo, cuál sería el tratamiento?

–En el caso de drogas, recibiría un tratamiento específico. Si fuese de problemas mentales, un tratamiento de cuestiones de salud mental. Otros programas que implican supervisión, o estar en probation, o en algún tipo de libertad condicional. Todas variantes alternativas al encarcelamiento. En estos programas se recibe tratamiento para atacar el origen de por qué uno está cometiendo un delito. Hay muchos programas de esta naturaleza, definidos por la necesidad. Algunas jurisdicciones están invirtiendo en probation, otros en esquemas de libertad condicionada, otros en capacitación, supervisión. Hay un sector de acompañamiento de cierta tutoría, por la que se define cuales son los riesgos y las necesidades y a partir de ahí se definen planes específicos para una persona.

–Como se propone la reinserción de una persona en la sociedad, después del delito, con una medida alternativa que la sociedad acepte?

–En California, por ejemplo, hubo un referéndum que se llama Proposición 47, que dice que si uno comete un delito contra la propiedad por debajo de los 950 dólares, le pueden dar probation en lugar de cárcel. Un oficial hace la supervisión dentro de la comunidad. Hay muchos más reglamentos y normativas, pero supone recibir probation como primera posibilidad.

–Aplicar la probation al millón de personas que usted menciona que no debería estar presas implica inversión de dinero.

–El problema que tienen los jueces ahora es que no quieren mandar a alguien a prisión, pero no tienen el programa de probation para insertarla.

–¿Por qué no tienen el programa?

–Depende de las jurisdicciones, en las más grandes tienen más recursos y más posibilidades. En el área rural no tienen tantos recursos. En los Estados Unidos, hay 50 estados, cada estado tiene una multiplicidad de condados y cada condado… Entre dos estados contiguos como Luisiana y Kentucky hay situaciones muy diferentes, hay recursos en uno y no los hay en otro.

–¿Este informe se difundió entre políticos?

–Quedamos sorprendidos por la recepción.

–¿Quienes se oponen?

–Los fiscales, que utilizan la amenaza de la condena para lograr negociar la pena con el acusado, y están disconformes con la reducción de las penas porque les quitan poder. Los lobbistas policiales, de las cárceles.

En: Página/12

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Informes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s