Un suicidio para el escapista Houdini


OCHO POLICIAS APRESADOS POR LA MUERTE DE UN JOVEN DETENIDO EN UN PATRULLERO, EN LA PLATA

Por Horacio Cecchi

Ocho uniformados de la Bonaerense fueron detenidos, investigados por la

El momento en que suben a Yalet al patrullero.

El momento en que suben a Yalet al patrullero.

muerte de Juan Martín Yalet, de 35 años, ocurrida el 26 de agosto pasado en La Plata. Dentro de un patrullero. Las circunstancias de cómo se produjo la muerte son analizadas por la fiscal platense Betina Lacki y por el momento son bastante brumosas. En principio, pareciera haber dos relatos de la muerte, que difieren entre sí pero que no son necesariamente los únicos: el oficial, escrito por los uniformados en el acta del procedimiento. Y el relato lógico. Los uniformados aseguran que se suicidó disparándose a la cabeza con una 9 milímetros robada a una policía el

1º de agosto y que tenía oculta entre sus ropas. La lógica indica que ocurrió de otra manera. Para poner en contexto la muerte de Yalet, cabe destacar no sólo que ocurrió dentro de un patrullero, sino que tenía las muñecas esposadas entre sí y por la espalda.

El 26 de agosto pasado, alrededor de las 8.30, un vecino de la calle 2 entre 67 y 68, de La Plata, llamó al 911 cuando detectó que una mujer que sacaba del garage su auto para llevar a su hija a la escuela era amenazada por un hombre armado. La policía demoró poco. Los primeros en llegar fueron los del Comando de Patrullas Comunitario (CPC). Inmediatamente llegaron otros patrulleros que se fueron apiñando en cardumen. Había al menos diez patrulleros del CPC; dos de la seccional 9ª, con jurisdicción en la zona (uno era un auto particular); y uno de la Policía Local. Los primeros cinco patrulleros en llegar fueron del CPC, después los de la 9ª y el resto.

Cada vehículo policial lleva dos uniformados con lo que se logra una cuenta fácil de presencia mínima: 22 uniformados estaban en el lugar más los que llegaron a pie, mayoritariamente de la PL. Casi medio centenar de polis, incluyendo al comisario Cristian Guerrero, jefe de la 9ª, y a Carlos Gandolfi, comisario jefe del Distrito Centro del CPC.

Los esfuerzos y energía puestos por la Bonaerense para frustrar un asalto común y detener a un simple asaltante parecen como un poco mucho.

Yalet, porque de él se trataba, intentó escapar por los fondos. No tardaron en ubicarlo, y lo detuvieron. por los techos, en la tercera casa yendo hacia dentro de la manzana. Antes de que lo detuvieran arrojó el arma que le había visto la mujer y con la que le había dado un culatazo en la cabeza. Cuando lo detuvieron le preguntaron dónde la había arrojado y señaló el lugar. Allí estaba. Una Bersa 22 milímetros que quedó manchada con sangre y que ahora analizan para determinar si es un rastro hemático de la víctima del asalto.

Al detenido lo subieron al patrullero del CPC en el que viajaban los uniformados Cristian Caffa y Mónica Arias. Previamente lo cachearon para cerciorarse de que no llevaba armas. Policías para hacerlo, sobraban. Los del CPC aseguran que los de la 9ª aseguraron haberlo revisado. Luego lo subieron esposado con las manos unidas por detrás al asiento trasero del vehículo. Caffa y Arias subieron delante. El recorrido del patrullero fue hasta la esquina, y una cuadra por la 67 hasta la 1. Según el acta oficial, allí un patrullero se les cruzó para verificar cómo iba el detenido. Y lo descubrieron recostado sobre el asiento y herido en la cabeza de un balazo. Los de adelante aseguran que no escucharon ninguna detonación.

Entonces aparece otra pistola en juego. Una 9 milímetros que había sido robada a una mujer policía en Registro del Automotor el 1º de agosto. Según los uniformados, es la que usó Yalet. Para hacerlo, además de haber sorteado los cacheos, tuvo que hacer malabarismos para tomar la pistola con las manos esposadas por la espalda, girar hacia arriba sus brazos por encima de la espalda y disparar apuntando desde adelante hacia atrás. No había manchas de sangre en el asiento donde estaba recostado. En cambio, sí en el piso. La bala, según el informe preliminar de la autopsia, ingresó por la derecha y adelante, en diagonal con salida por el parietal izquierdo y detrás, con dirección de abajo hacia arriba. Supuestamente, el arma quedó en la calle custodiada por otro CPC y el patrullero salió hacia el hospital, a 3 cuadras. En el hospital le liberaron una esposa y en cirugía, la otra.

A la fiscal Betina Lacki, la versión oficial no le cerró. Detuvo a la pareja del patrullero, Caffa y Arias; al que supuestamente se quedó custodiando la 9 milímetros que dispara sin ruido en la vereda, Walter Rodríguez Muller; a su compañero de móvil, Michael López González; y a cuatro más, Daniela Aprea, Luciano Díaz, Patricia Paris, y Laura Gutiérrez. Los ocho, del CPC, están acusados de homicidio triplemente agravado por alevosía, abuso de funciones y por ser cometido mediante el empleo de arma de fuego, además de la falsificación del acta, que no cierra con nada. Los ocho fueron pasados a disponibilidad por 60 días por Asuntos Internos, para facilitar la intervención judicial.

Los abogados del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ) Sofía Caravelos y Esteban Rodríguez Alzueta, que representan a Jorgelina Duval, pareja de Yalet, sus dos pequeños hijos, Angel y Luz, y su hermana, Viviana, dijeron a este diario que “la escena de la muerte de Yalet nos genera muchas dudas. Entendemos que entre los detenidos se encuentra quien efectuó el disparo y otros y otras que tienen otro grado de participación menor. La investigación de la fiscal aún no logró establecer la participación que tuvieron los altos mandos que condujeron el operativo y a disposición de quienes estaba Yalet”.

En: Página/12

NdR: En enero de 2007, Darián Barzábal, de 17 años, fue detenido, esposado y subido a un patrullero de la Bonaerense. El chico fue baleado en la cabeza y la versión oficial, igual a la del caso Yalet, fue que se había suicidado tras sacar una pistola que supuestamente había sacado de entre sus ropas tras un supuestamente defectuoso cacheo. El entonces sargento Santiago Regalía fue condenado a perpetua, y a 5 años de prisión por encubrimiento agravado el ex teniente primero, Iván Martínez. Los hábitos no cambian.

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