Cuando se mete bala a rajatabla


UNA CHICA BALEADA EN UN COLECTIVO POR OTRO PASAJERO

Por Horacio Cecchi

Jenifer Vallejos, de 17 años, con un tiro en la nuca, un chico de 16, con un balazoarmas 003 en la ingle, y un adulto de 30, con uno en el estómago resultaron las víctimas directas del criterio de resolver la inseguridad a los tiros, el lunes a la tarde, en Merlo. En este caso, los tres viajaban con otros treinta pasajeros en un colectivo de la línea 96 al que subieron unos asaltantes. Un pasajero decidió tomar en sus manos la responsabilidad de impedir que se

llevaran lo más preciado hasta ese momento, unos celulares y algo de dinero, cueste lo que cueste. Empezó a los tiros. El chofer se detuvo y todos juntos escaparon. El chofer, los pasajeros, los asaltantes, el que les disparó. Sólo quedaron en el piso Jenifer, los dos heridos y el novio de la chica que sólo atinaba a pedirle a la chica que se despertara. Jenifer murió durante la madrugada.

El semirrápido salió de la terminal del 96 desde Avenida de la Unión y Orán, el lunes alrededor de las 16. A unas 25 cuadras, en la parada de la avenida Otero y Zabala, subieron unas diez personas, entre ellas tres que segundos después apuntando con un pistolón comenzaron a robar a los pasajeros, alrededor de 30, después de haber amenazado al chofer para que no los mirara y sólo condujera. El robo, según los testimonios, fue desarrollándose dentro de los carriles de tensa serenidad que se suponen, cuando uno de los pasajeros de los asientos dobles del frente se trenzó a forcejear con el asaltante que llevaba el pistolón.

Desde el fondo, otro pasajero, dispuesto a defender a los tiros su visión del mundo, aprovechó la confusión y empezó a tirar.

“El pasajero sentado en el fondo aprovecha para sacar su arma, que según los testimonios sería un revólver, y comienza a tirarles”, dijo el titular de la Jefatura Departamental Merlo, el comisario mayor Hugo Santillán, quien agregó que todos “se tiraron al piso”.

El jefe policial también aseguró que al escuchar los disparos, el chofer frenó bruscamente el colectivo en la intersección de Culpina y Otero, en el límite de Pontevedra con la localidad de González Catán, del partido de La Matanza.

“Ahí se bajó corriendo todo el mundo; los delincuentes, el hombre que había tirado y el resto de los pasajeros”, dijo el uniformado, y agregó que en el colectivo quedaron heridos una adolescente que volvía del colegio, con un disparo en la nuca; un chico de 16, con un tiro en la ingle izquierda; y un joven de 30, con un balazo en el estómago.

El novio de Jenifer vio todo. “Querían robar y salió un viejo atrás del colectivo, entró a disparar y le dio un tiro a mi hermano (el chico de 16 años) y un tiro a mi novia. Pensé que por los nervios se me desmayó nomás, no pensé que tenía un tiro”, dijo y siguió diciendo, sin saber si realmente se ubicaba en el momento en que estaba.

“Mi hermano también lo vio –aseguró el chico refiriéndose al pasajero de los tiros a rajatabla–. Salió corriendo. Era un viejo canoso, con anteojos, narigón, feo”, y aseguró que podría reconocerlo si lo volviera a ver. “Lo que no entendí es por qué empezó a disparar, si era policía tendría que haber sido más vivo”, se quejó todavía sorprendido.

A Jenifer, al hermano de su novio y al otro herido los trasladaron al hospital Simplemente Evita, previo paso por un centro asistencial de González Catán. Jenifer estaba en estado gravísimo, mientras que al chico de 16 años y al adulto los operaron y no presentaban riesgo.

Durante la llegada al hospital se produjo otra escena. El joven reconoció en la guardia a uno de los asaltantes, quien había resultado herido al rozarle una bala del vengador anónimo en una ceja. El hombre fue detenido inmediatamente.

Ayer, el comisario Santillán informó que “se está trabajando con los testigos para elaborar un identikit de este hombre. Por lo que contaron tiene entre 40 y 50 años, es alto, delgado y tiene entradas en el cuero cabelludo. No sabemos si es un policía o integrante de alguna otra fuerza de seguridad. Por lo general los policías estamos armados con pistolas y este hombre sacó un revólver. Quizá sea un vigilador privado”, agregó.

Ayer, la familia de Jenifer decidía la donación de los órganos de su hija. En la puerta del hospital, pero lejos de allí, en cualquier lugar, la madre de Jenifer, Marcela, decía entre sollozos que “queremos que viva en otras personas y darles la oportunidad a otras madres que están sufriendo porque sus hijos se están muriendo”.

En: Página/12

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