Linchamiento de mujeres


Por Horacio Cecchi

Para el análisis del papel de los medios, que la violenta respuesta a la muerte de Catherine Moscoso haya sido producto de una acción vandálica organizada con la pretensión de desestabilizar, o haya consistido en el estallido de un supuesto magma social, poco importa. En realidad una u otra posibilidad se montan en ancas de la acción mediática.

¿Qué dijeron los medios sobre lo ocurrido en Monte Hermoso? Dijeron que se trató de un “descontrol”; que “unas 200 personas se encontraban en estado de furia”; que se trató de “un desborde inigualable”; que “se trató de una violenta pueblada” y hasta llegaron a describirlo pretenciosamente como “una protesta popular”. También mencionaron que el abuelo de un sospechoso “fue linchado” y que falleció más tarde en un hospital. “Linchado.” Llama la atención que hayan dedicado tan mínimo espacio a un tema que hace un año ocupó las tapas de los matutinos y llevó horas de despliegue en la tevé.

Invito a los lectores a asociar ideas sin intentar avanzar sobre si hay trasfondo político o no, porque creo que podría cegar el análisis de lo que están diciendo en el fondo de los fondos.

Digamos que el “descontrol” se encuentra en la misma línea argumental que el “estado de furia” de las indeterminadas “unas 200 personas”. O lo irruptivo y desacostumbrado de un “desborde inigualable”. También la “violenta pueblada” (¿alguien conoce una pueblada pacífica?). Mi hipótesis es que todas estas descripciones de los acontecimientos de Monte Hermoso corren en el mismo nivel que el “linchamiento”. Hace un año las noticias definían al linchamiento como un desborde injustificable pero obligado por la situación de personas que sin ser violentas habitualmente quedan a merced de la injusticia y en su defensa se “descontrolan”.

Desde mi perspectiva, el linchamiento es un eufemismo periodístico que permite instalar la idea de venganza solapada bajo la definición de “justicia por mano propia”, que de justicia no tiene nada, sólo es violencia consentida por de quien viene. Si estamos de acuerdo, el linchamiento (o sea, el homicidio agravado por indefensión), opera en esa línea como un efecto del “descontrol”, del “desborde popular”, la “pueblada” y demás.

¿Qué están haciendo los medios cuando describen estos hechos vandálicos de Monte Hermoso como un “descontrol”? Están diciendo que el linchamiento forma parte de ese desborde, malo pero justificado. Muertes y violencia consentida.

Como respuesta a un femicidio, muerte y violencia consentidas.

¿Acaso no es ese mismo discurso el que describe al femicidio como una muerte consentida? O a qué llaman describirlo a partir de la vestimenta “provocativa”, los gestos “sensuales” que los medios suelen robar del perfil de Facebook. Actitudes que permitirán explicar al femicida, que será entonces un “loco”, que no se pudo “controlar” ante tanto “desborde”.

En lugar de pensarlo como uno más, no como un loco, ni un descontrolado, sino la generalidad de los tipo(s) a los que se les permite ser violentos porque la cultura los sostiene como su parte argumental. Si no fuera consentido por la cultura (la casi totalidad de los tipos y por una importante cantidad de mujeres), el discurso mediático no podría sostener la aberrante línea discursiva de descontrol que naturaliza el femicidio. Digámoslo con los adecuados eufemismos: se están cometiendo linchamientos femeninos.

P. D.: me llama poderosamente la atención la mínima idea deslizada de “leve retraso madurativo” de Catherine. ¿Estaremos ante otra manera de justificación solapada?

En: Página/12

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5 comentarios

Archivado bajo Opinión

5 Respuestas a “Linchamiento de mujeres

  1. alba noemi perez saiz de naistud

    Horacio,conocí la noticia ,a poco de conocerse por CC.
    La cocina del miedo,llevada al paroxismo.
    Tu análisis de la situación y sus implicancias,evaluadas como solo vos podés hacerlo.
    Abrazo con tristeza.

  2. tzvi

    Es doloroso y trágico , todos estos echos de violencia
    machista , que usted llama de otro modo, se producen
    en momentos límites , donde la mujer paga con su vida
    creyendo que no hay otra alternativa,hay que gritar que si
    hay otro camino, la sociedad toda es culpable de esos
    abusos, todos están con sangre en las manos, los periodistas
    el gobierno, la policía, la familia, los jueces y abogados.

  3. Juan Ignacio Gareca

    Horacio, le escribo desde Salta. Como estudiante de periodismo primero, rescatar el valor de su artículo. Plantea una visión distinta a las típicas crónicas rojas de estos casos. Por otro lado, no me queda del todo claro su postura sobre la idea del linchamiento, algo que me gustaría conocer.
    Le mando un abrazo grande.

  4. Daniel Ricardo Sarmiento

    ESTIMADO HORACIO CECCHI: a raiz de su muy acertada nota, del 25-5-15 en Pagina/12, a raíz de la muerte de la jóven Catherine Moscoso, permítame hacer este comentario, ello, con motivo de la errónea aplicación que hace la policía y los jueces, respecto a la figura de la fuga. Párrafo aparte merece el uso inapropiado del vocablo “loco”, “locura”, asimilándolo a situaciones de peligrosidad de personas que cometen delitos sin padecer sufrimiento mental, pero que la prensa lo cita como sinónimo, gracias, abrazo, daniel sarmiento

    FUGA Y EGRESO SIN PERMISO. FUGA DEL HOGAR.

    El vocablo fuga, debe emplearse cuando se alude a la salida de una o más personas, de un establecimiento de encierro forzoso (cárcel, hospital neuropsiquiátrico de seguridad, establecimiento para personas menores de edad en conflicto con la ley penal, establecimientos de salud mental en internación de riesgo para si o de terceros, etc.).

    En caso de egreso del hogar sin permiso o de un establecimiento de puertas abiertas, de una persona menor de diez y ocho (18) años de edad, sólo corresponde peticionar la averiguación de paradero de ella, ante las autoridades competentes.

    R. A. E.:

    fugar.
    (Del lat. fugāre).

    1. tr. ant. Poner en fuga o huida.
    2. prnl. Escaparse, huir.
    egresar.
    1. intr. Salir de alguna parte.

    AVERIGUACIÓN DE PARADERO:
    Es un procedimiento de colaboración que realiza la policía en procura de determinar el sitio donde se encuentra una persona que no ha regresado a su domicilio o lugar de residencia, lo que hace suponer la existencia de un inminente riesgo para su integridad física.

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