Más de los pibes escritores III


Otras dos entregas de creatividad y escritura de los pibes que se lanzan a imaginar y escribir. Por ahoraloro son textos disparados por mi crónica “La sombra de un ornitocida“, que ya produjo con ésta cinco entregas de relatos. Acá los que llegaron:

En San José de Metán vivía una mujer de 77 años llamada Beatriz. Vivía sola en una casa muy grande. Ella era muy solitaria, no tenía compañía, hasta que un día se encontró con un lorito que de nombre le puso Pedrito.
Al pasar el tiempo la señora se encariñó mucho con el loritoo. Lo quería mucho: desde que Pedrito estaba con ella, no se sentía solitaria.
Un día, la señora Beatriz se fue a hacer las compras descuidándolo un momento y el lorito desapareció. La señora, cuando se dio cuenta de que el lorito ya no estaba, desesperada empezó a buscarlo pero no lo encontraba, hasta que finalmente lo encontró debajo de un auto.
El lorito estaba muerto, todo desplumado. La señora llorando no podía creerlo: se sentía muy culpable porque lo había dejado solo.
Al día siguiente lo enterró. Estaba muy dolida pero pasaron los días y se puso a pensar en que cómo lo podía haber pisado un auto si al lorito no le gustaba caminar por el piso, sólo volaba para subirse al hombro de ella o a los árboles. Entonces se puso a investigar y comprendió que no lo pudo haber pisado un auto, así que pensó en que lo pudo haber lastimado o lo pudieron haber atacado.
Entonces decidió denunciar el caso en la comisaría de Metán. Al día siguiente fue y presentó el caso, pero ella se dio cuenta de que al escucharla no le dieron tanta importancia. Ella, enojada, se retiró de allí.
Después de tres días volvió a la comisaría y le dijeron que tendrían que conseguir pruebas para resolver el caso, así que buscó pistas pero no fue lo suficiente porque la policía no le hacía caso, pero un detective tomó el caso y la ayudó.
Así que con muchas pruebas que juntaron descubrieron que el gavilán del vecino lo había desplumado y que el dueño cuando vio que  el gavilán hizo eso lo puso abajo del auto para que pensaran que al loro lo habían atropellado.
Al fin Beatriz estaba en paz al saber que se hacía justicia.

Camila Gutiérrez

Una tarde, Luisa Elvira, después de preparar pasteles y chocolatada a sus nietos, fue a darle de comer a su loro, pero se dio la sorpresa de que el loro no estaba. Inmediatamente corrió en su busca por toda la casa y la calle, pero no estaba. Con lágrimas en los ojos dio con dos plumas verdes desplazándose por el aire; no faltó más para que se partiera en llanto.
Luisa y los niños fueron a buscar a Pedrito por las calles. Luego de diez minutos de búsqueda, ya casi rendidos, uno de sus nietos encontró debajo de un auto de color verde al loro. El niño lo puso entre su manos y se lo entregó a su abuela diciendo: “lo han atropellado”. Elvira se quedó con la duda de si era cierto lo de que lo habían atropellado.
Al otro día a la mañana fue al veterinario donde le dijeron que no había sido atropellado sino atacado por algún ave, ya que tenía marcas de las garras de un pájaro.
Luisa se vio obligada a ir a la comisaría pero se le rieron en la cara, por así decirlo. A Elvira no le quedó más remedio que investigar por su cuenta, así que fue a su casa en busca de pistas. Luego de un día intenso de búsqueda, encontró una pista al fondo de su casa. Halló varias plumas. Luisa empezó a visitar a sus vecinos para interrogarlos, a ver si alguien había visto algo. Uno de los vecinos dijo haber visto un ave llevándose a Pedrito, fue entonces que Luisa recordó algo muy importante: Pedrito no volaba, solo daba saltitos (ni imaginar su horrible muerte).
Tratando de armar la escena del crimen descubrió entre todas las plumas verdes de su Pedrito una pluma azul, Pedrito había intentado defenderse. Recordó que en el barrio hay un pájaro gavilán pollero. Se puso el abrigo y fue al almacén donde hubo una fuerte discusión:
    ⁃    ¡Tu pájaro ha matado a mi Pedrito!
    ⁃    Cállese señora, mi gavilán no mató a su pájaro.
    ⁃    ¡Mal educado! ¿Qué hacía el día que mi loro murió?
    ⁃    ¡Nada! ¡Loca! Sólo estaba en mi auto rojo charlando con mis amigos ¡listo!
El almacenero había metido la pata: ¿cómo sabía él cuándo había muerto Pedrito? El loro estaba debajo de un auto verde al lado del auto rojo. Seguramente él tiró a Pedrito abajo del automóvil rojo para que ella pensara que lo habían atropellado. La coartada no funcionó.

Matías Krieka

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1 comentario

Archivado bajo Crónicas

Una respuesta a “Más de los pibes escritores III

  1. Me encantó Horacio,los chicos enganchados con el relato de un orniticidió dejan volar la imaginación.
    Que sigan las narraciones.
    Abrazos.Alba.

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