Más de los pibes escritores


Más y más cuentos de los pibes que escriben a partir de crónicas de la ficción con que se presentaloros la realidad. Siguen escribiendo a partir de “La sombra de un ornitocida“, y los resultados son im-pre-sio-nantes!!!!

En Salta, a la ciudad de Metán los vecinos la llaman “la ciudad incógnita”, por los casos paranormales y crímenes que suceden con los animales. Según un ex-veterinario todos los animales que morían allí lo eran por picotazos.
En un día nublado, la anciana volvió del supermercado. Está por entrar a su casa y ve a su loro debajo de un auto, lo encuentra descuartizado, desangrado y sin plumas.
La anciana fue a la comisaría 33 a presentar la denuncia por el fallecimiento de su loro pero la policía no le creyó y le dijo que se vaya a su casa a descansar, pero la anciana no les hizo caso y se fue a investigar por su mérito propio.
La anciana fue primero a la casa de su amiga Fiona a preguntarle si había o vio algo, y le dijo que había visto al gavilán del almacenero en sus propiedades. La anciana se quedó intrigada de cómo llegó Pedrito a la calle si el gavilán lo había atacado en la casa así que fue a visitar a otros vecinos, que le dijeron que vieron plumas, pero que podrían ser de una almohada. Lo que más desconcertaba a la anciana era que Pedrito no volaba.
Luego de que consiguió bastante información fue al tribunal a presentar la denuncia pero nada de esto conmovió al ministerio. En fin, la anciana se mudó al otro lado de la ciudad y el gavilán siguió matando animales.

Agustín Arroyo

Una tarde soleada una señora estaba caminando por la calle y vio a un loro muerto debajo de un vehículo. La señora lo vio bien y dijo que era el loro de su vecina. Lo recogió y le dijo: “Luisa, tu loro desaparecido fue atropellado”. Y Luisa dijo: “No, el loro no fue atropellado, fue asesinado por otro animal”.
Luisa se presentó en las dependencias policiales y les contó todo. Los policías se reían porque no le creían. La señora Luisa quiso hacer justicia y les llamó a todos los vecinos diciendo que su loro fue muerto por un animal y que les puede pasar lo mismo a sus mascotas.
Hubo cuatro testigos. Uno de ellos apareció diciendo que vio que el ave del almacenero había matado al loro de Luisa.

Estela Romina Ayala

Un jueves 2 de febrero, Luciana Yanina Lizarraga salió a dar un paseo por la plaza de Mosconi cuando vio un auto rojo muy llamativo. Se acercó para verlo. Cuando vio una pluma se agachó y vio que había un loro muerto. Empezó a preguntar a los vecinos. Ellos le habían dicho que una abuela estaba buscando a Pedrito. Llamó a la policía. Con ellos fue la señora; preguntó en dóndo lo habían encontrado. Luciana contestó que debajo de un auto.
Luciana se dio cuenta de que tenía muchos picotazos, por lo que empezó a preguntar a los vecinos porque la policía no le hacía caso. Uno de los vecinos dijo que habían visto al ave en el fondo de la propiedad de ella, otro vio que Pedrito no volaba, solamente caminaba o daba saltitos. Otro testigo dijo haber visto cantidad de plumas verdes desparramadas en el lugar.
La abuela creyó que se trataba de un almohadón de duvet destrozado por el propio Pedrito. El otro testigo le dijo haber visto al gavilán que habría levantado vuelo llevándose a Pedrito, que se lo entregó al almacenero.
Así se descubrió el asesinato del loro.

Maira Guerrero

En un pueblo de Salta llamado Metán, hay muchos crímenes y asesinatos. En ese pueblo vive una mujer de 77 años con carácter fuerte. Salió de compras y dejó a Pedrito en el patio. Cuando la mujer regresó encontró plumas verdes desparramadas por el patio.
Luego la anciana empezó a buscar a Pedrito. Ella recordaba que Pedrito no podía volar, entonces salió a buscarlo por el barrio y se encontró con un vecino llamado Martín, que dice que había visto el cadáver de Pedrito debajo de un vehículo viejo que estaba a cinco cuadras de su casa.
El testigo dijo que él vio al gavilán del almacenero, que había visto que levantaba vuelo con Pedrito entre sus garras. La mujer fue a hacer la denuncia en la comisaría 30. Al fiscal no le importó pero ella tiene la esperanza de que se haga justicia. Siguió buscando a Pedrito sin darse por vencida. Luego encerraron por un tiempo al almacenero hasta que se resolviera que su gavilán había matado a Pedrito.

Jorge Martínez

Metán está ubicado en Salta, es un pequeño pueblo temeroso ya que suceden cosas extrañas en estos últimos días. Los vecinos se enteraron de que un pequeño loro de su vecina Luisa Elvira había muerto. Una vecina cuenta que Luisa Elvira Fernández, dueña del loro, está muy destrozada ya que fue a hacer la denuncia pero los oficiales se le reían en la cara, hasta que vio uno y dijo con un acto de burla:
    ⁃    A ver señora qué puedo hacer por usted, pero creo que va a ser mejor que mande la denuncia al fiscal.
Luisa Elvira dijo:
    ⁃    Bueno, pero ya que sé que ustedes no van a hacer nada yo haré justicia por mi propia cuenta.
Los policías se le reían en la cara hasta que salio y vio a un vecino que no lo conocía mucho. Ella investigó mucho y encontró todas las pistas más la de otra vecina que dijo:
    ⁃    Capaz fue un perro o un gato.
Pero el vecino le dijo:
    ⁃    No fue ni un perro ni un gato.
Así que Luisa Elvira agarró toda la información y se dirigió hacia la comisaría y cuando los oficiales vieron toda la información ella les dijo:
    ⁃    El que rie último rie mejor.

Gabriela Mazala

Una tarde aburrida de un feriado, en San José de Metán, un pueblo de Salta, estaba todo muy tranquilo hasta que una señora de 77 años entra a la comisaría 30. La señora que estaba muy desalentada y triste fue por la desaparición de su loro llamado Pedrito.
El funcionario policial no se sorprendió del todo. El oficial la llamó a la mujer para declarar. La mujer declaró que el loro había desaparecido hace una semana. La denuncia fue tomada.
A los dos días llega una información de que encuentran a un loro debajo de un auto. Cuando a la señora Elvira le muestran al loro Pedrito lo ve lleno de picaduras en el cuerpo. Se da cuenta de que eso nunca pudo haberlo hecho un auto. “Eso es de un animal” dice la señora Elvira. Directamente de ahí se va a la comisaría a hacer una nueva denuncia. En la comisaría le dijeron que tienen cosas más importantes que investigar la muerte de un loro. El oficial le dijo que se retirara de la comisaría. Elvira entendió eso y se fue a su casa.
Pero Elvira no se quedó quieta y empezó a investigar ella misma la muerte de su loro. Con la gente del barrio fue preguntando casa por casa. En el barrio ella era muy querida. Fue a la casa de una vieja amiga de la infancia y le preguntó si ella no vio nada y la amiga le cuenta que ella vio plumas verdes pero que ella pensó que era un almohadón de duvet destrozado por Pedrito. Le agradeció por la información y sigue preguntando. El vecino le cuenta que el otro día le pareció haber visto a un ave volando en el fondo de la propiedad de Elvira. “¿Cómo? Si Pedrito no volaba…”, dijo la señora Elvira, “solamente caminaba o daba saltitos”. Se pone a pensar qué será.
Al día siguiente va a la casa de Elvira el hermano que vivía atrás de la casa. “Vengo a darte una información, hermana. El otro día vi al gavilán del almacenero levantando vuelo en el patio de tu casa con Pedrito entre sus garras y que se lo entregó al almacenero, quien lo había arrojado debajo del auto para que nadie sepa que fue el gavilán el asesino del loro”. Elvira le agradeció a su hermano por la información.
Elvira entró a su casa, se sentó y se lo tomó con calma pero estaba muy dolida y, haga lo que haga, ella sabía que nadie le iba a devolver a un compañero de toda la vida.
Como Elvira era una señora grande tenía problemas de presión: le había bajado por lo que se sentía mal así que se fue a recostar, también para olvidarse un poco de todo lo que estaba pasando. Pero al día siguiente bien temprano se va al almacen para hablar con el señor. El almacenero se sorprendió cuando la vio a Elvira. “Hola señor, yo me enteré que su mascota mató a mi Pedrito. Los vecinos lo vieron todo. Estoy muy triste” le dijo la señora. “Estoy muy triste porque me quedé sola y por usted, por lo que hizo tratando de cubrir la muerte de él”. El almacenero, muy arrepentido, le pide disculpas y le dijo que para que no se quedara sola le iba a regalar una cotorra. A la tarde el almacenero va a la casa de Elvira con lo que le prometió. “Esto es lo que le prometí, señora”. Elvira, muy contenta, recibió un regalo que le dio el almacenero por lo que había pasado. La señora dijo que a la cotorra la iba a llamar Pedrito como su lorito pero ésta era cotorra.
Elvira le preguntó por el gavilán. El almacenero le dijo que lo mandó a Buenos Aires a la casa de su hermano para que haga más nada a otras aves. La señora quedó contenta con su nueva cotorra pero todavía estaba triste por la muerte de Pedrito.

Brian Pereira

Una mañana como todas en el pueblo de Metán, Salta, el día 2 de febrero un señor sacó a pasear a su mascota cuando de repente observó sobre el asfalto el cadáver de un loro pequeño de color verde, con una equeña marca amarilla en su cola.
Anteriormente, el señor observó un cartel de “se busca loro pequeño de color verde con una pequeña marca amarilla en su cola”, igual al que se encontró muerto. Rápidamente fue hacia el cartel para buscar algún número de teléfono e informarle a la dueña del loro.
Cuando la dueña del loro fue informada sobre lo ocurrido a su loro, rápidamente fue hacia la autoridad para hacer la denuncia. La policía se burló de ella. Ya que el comisario que la atendió no había tomado su denuncia en serio, tomó la investigación por parte de ella.
Comenzó interrogando a la vecina más cercana. Encontró a dos testigos cuya declaración fue muy sospechosa: el primer testigo declaró haber visto un pájaro muy grande al fondo de la propiedad, el segundo testigo declaró haber visto por la ventana unas plumas de color verde esparcidas por el aire.
Con las pistas aportadas por los testigos recordó que el almacenero de la vuelta de su casa había comprado un gavilán entrenado a la caza. Luego de seguir investigando se dirigió hacia el almacén donde el almacenero tenía al gavilán en una jaula, vio una pluma verde con una pequeña marca amarilla. Cuidadosamente, sin que el almacenero la viera tomó la pluma y la llevó a analizar para saber a quién le pertenecía.
Luego de una semana de investigación, el laboratorio le confirmó a Elvira que la plume le pertenecía a su loro. Entonces llegó a la conclusión de que el asesino de su loro era el gavilán del almacenero.
Finalmente el gavilán fue encarlado y torturado por una bandada de águilas. Y Elvira obtuvo la suma de veinte mil pesos por los daños y perjuicios.

Denis Zapata

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3 comentarios

Archivado bajo Crónicas, Informes, Opinión

3 Respuestas a “Más de los pibes escritores

  1. Que divertida esta la respuesta narrativa,parece que a medida que pasa el tiempo,los pibes se inspiran.
    Metán la ciudad incognita ,es bueno,ese tranquilo lugar que un día fue conflicto y piquete hoy tiene un sano recambio hacia la imaginación y literatura.
    Muy buena iniciativa,ya esperando la narrativa con los otros disparadores.
    Que siga la magia.Abrazos .Alba.

  2. el mejor es el de Brian Pereira ❤

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