Los pibes imaginan y escriben


Llegaron más cuentos de pibes de los tres secundarios y los agrego en esta entrada. También me entero que loroestán trabajando ya sobre otras dos crónicas, “El día en que cayó un ovni en Chascomús“, del 3 de enero del 99, y “Armas para matar a las ratas“, del 4 de enero de 2001. Pueden acceder clickeando en los títulos o visitando el menú Crónicas del blog.

Los cuentos:

Metán es un lugar oscuro y muy lluvioso, tanto que las personas habitualmente no salen a la calle.  Solo salen a comprar o a pasear.
En una noche oscura y muy fría una señora vio debajo de un auto un loro tirado encima de una bolsa negra. La señora recordó que había una vecina que tenía un loro que había desaparecido. Entonces la señora cargó entre sus brazos al loro y se lo llevó a su vecina Luisa Elvira Fernández, de 77 años, encargada de la víctima.
Cuando Luisa vio a su loro inmediatamente fue a la comisaría 30 de San José de Metán para presentar la denuncia. El funcionario policial a cargo no le aceptó la denuncia, por lo que ella decide investigar por sí misma.
Empezó a preguntar a los vecino si vieron algo sospechoso. Uno de los vecinos le dijo que había visto cantidad de plumas verdes desparramadas en un lugar, pero aclaró que no lo había aportado a la denuncia porque creyó que se trataba de un almohadón verde que el loro había roto.
Por otro lado, Fernández dijo que su loro no volaba, solamente caminaba o daba saltitos.
Al día siguiente Luisa Elvira descubrió que el gavilán había matado al loro y se lo había entregado al almacenero, quien lo había puesto debajo del auto para encubrir el crimen.

Roxana Cóleman

En la ciudad de Metán había una señora llamada Luisa Elvira Fernández. Llamó a la policía para hacer la denuncia de que su loro Pedrito había desaparecido. El policía no quería tomar el caso así que ella investigó sola.
El vecino de Luis dijo “yo te ayudaré a encontrarlo”. Días después encontraron a Pedrito. Luisa preguntó en dónde lo encontraron y el vecino dijo que Rubén le dijo que había encontrado plumas verdes, que se escuchaban ruidos y que asomó la cabeza y ahí fue cuando vio a Pedrito muerto.
El gavilán fue preso por la desaparición de Pedrito porque se dieron cuenta de que ya había atacado a una pareja de ancianos. Entonces el caso de Elvira Fernández fue cerrado porque ya descubrieron quién fue el que secuestró y mató al loro.

Micaela López

Luisa Elvira Fernández estaba en su casa muy tranquila sentada en una silla enseñando palabras a su loro Pedrito. Como todos los días después de enseñar al loro, ella solía ir a la plaza y dejar a Pedrito en la casa solo.
Al volver a casa Luisa Elvira se dio cuenta de que Pedrito no estaba. Ella lo buscó por cada rincón de la casa pero el loro no apareció.
Luisa salió a buscar a su loro, tocó todas las puertas y preguntó por su loro, hasta que una persona dijo haberlo visto debajo de un automóvil.
Fue a hacer la denuncia pero la policía no hizo caso y se le rio en la cara. Luisa Elvira, muy enojada, decidió investigar por su cuenta.
Lo primero que descubrió fue que Pedrito no fue atropellado sino que lo mató otro animal. Luisa Elvira perdió su tranquilidad. Ella, muy enojada, fue en busca de pistas.
Uno de sus vecinos le dijo que vio plumas y que pensó que era un almohadón de duvet que Pedrito rompió, otro vecino dijo que vio al gavilán del almacenero en la casa de Luisa Elvira. Todas las sospechas fueron a parar al gavilán.
Luisa Elvira siguió tocando las puertas en busca de pistas y llegó a la casa de una persona que aportó una pista muy importante: él dijo haber visto a Pedrito todo desplumado en garras del gavilán. Con todas esas pistas Luisa Elvira exigió a la policía que detuvieran al gavilán del almacenero. La policía se volvió a reír de ella.
Muy enojada Luisa Elvira quiso que el gavilán pague con su vida la muerte de Pedrito. Para ello compró un aguila para que matara al gavilán. Entonces, cuando vio que el almacenero se fue a su almacén y dejó al gavilán solo, sacó al águila de su jaula. El águila mató al gavilán en tres picotazos. Luego se fue volando. Luisa Elvira logró que el gavilán pague con su vida la muerte de Pedrito.

Arminda Peñaranda

Metán es un pueblo lleno de intrigas, incluso las personas desaparecen. Una mañana una vecina iba caminando por el estacionamiento de su auto. De repente encuentra una envoltura verde debajo de su auto. Se acercó y era el loro de la señora Luisa Elvira. Se lo fue a llevar y le dijo:
    ⁃    Hola, soy Valería Zacarías. Encontré a su loro debajo de mi auto.
Elvira vio al loro que tenía picotazos y rasguños, dándose cuenta de que al pobre loro no lo atropellaron sino que fue atacado.
Luisa fue a presentar la denuncia en la comisaría del pueblo. Tomó a su vecina como testigo, pero no aceptaron la denuncia de la mujer. Entonces investigó por su cuenta.
Fue a la casa de su vecino del frente a preguntar si escuchó o vio algo. El vecino le dice que sí pero que sólo escuchó los chillidos de Pedrito. Elvira fue a su otra vecina y le preguntó si vio o escuchó algo. La vecina le dice que sí, le dijo:
    ⁃    Sí, escuché que el loro chillaba. Me parece que el que lo estaba atacando era un ave grande.
Luisa ya sabía que era el gavilán. Entonces fue a reclamar al almacenero, el dueño del gavilán, por la muerte de Pedrito.
El almacenero no le hizo caso y no hizo nada. Entonces Luisa Elvira decidió matar al gavilán.

Noelia Pinto

Sin justicia

Una mañana del 27 de noviembre del año 2010, la vida de una mujer de unos 75 años aproximadamente, ya no sería igual.
En Metán, una pequeña ciudad de Salta, con apenas 30.000 habitantes es casi imposible no conocerse ya que todos crecieron juntos y son amigos.
Ese mismo día dos mujeres que volvían del bingo ubicado a 100 kms. de sus casas sintieron una explosión y decidieron bajar del vehículo. Al bajar, descubrieron que era el carburador que había explotado. Como habían parado a 10 cuadras de sus casas, conocían a Pepe el almacenero del barrio, quien estaba presente en la explosión, le pidieron ayuda. Él amablemente se ofreció a llevarlas. Las mujeres accedieron con todo gusto.
Antes de subir al coche, una de ellas dijo ver algo pequeño de unos 22 cmts. de largo debajo del auto. Luisa, otra de ellas, intentó sacar eso de allí, pero por el momento fue inútil. Luego se empezaron a juntar vecinos y entre todos lograron sacarlo.
Al ver con claridad, era el cadáver de su pequeño loro Pedrito. La mujer comenzó a llorar desconsoladamente rogando que no se fuera, que la dejara sola.
Luisa, luego de ser consolada, se dirigió a la comisaría más cercana y realizó una denuncia.
Ella revisó toda la escena del crimen. Juntó testigos, se presentó en el tribunal y acusó al gavilán pollero del almacenero, diciendo que él había asesinado a Pedrito, su loro.
El tribunal consideró que era ilógico retener al ornitocida. Se cerró la causa del lorito, por la tanto, no tuvo justicia.

Lourdes Vega

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3 comentarios

Archivado bajo Crónicas, Informes, Opinión

3 Respuestas a “Los pibes imaginan y escriben

  1. Leandra Buendia

    Exelente los trabajos! Exitos a todos!

  2. noelia

    son lindos cuentos pero el mio es mejor soy NOELIA PINTO

  3. Genial post. Gracias por aportarlo…Espero màs…

    Saludos

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