Perpetua a un policía


CONDENA MAXIMA POR LA MUERTE DE LUCAS ROTELA

Por Horacio Cecchi

El Tribunal Oral N°1 de San Nicolás condenó a perpetua al oficial de la Bonaerense de Baradero Gonzalo KappKapp, por balear por la espalda de un escopetazo con postas de plomo al adolescente Lucas Rotela, provocándole la muerte, durante la madrugada del sábado 12 de febrero de 2011. La condena coincidió con el pedido de la fiscalía y la familia querellante. El defensor había apostado a que el tribunal aplicara el criterio del homicidio preterintencional, es decir, que Kapp disparó su escopetazo por la espalda suponiendo que no provocaría daño, porque imaginaba que su arma estaba cargada sólo con postas de goma. Los jueces no le creyeron. El juicio comenzó el 19 de marzo pasado. Por él transitaron 25 testigos, entre peritos, policías, los amigos de Lucas, sus familiares. Kapp, que se encontraba detenido en la Unidad Penal N° 3, de San Nicolás, sostuvo durante las audiencias que desconocía que su escopeta estuviera cargada con postas de plomo. Su compañero de patrulla, Julián Cáceres, aseguró que había cargado las escopetas con dos cartuchos con postas de goma y tres con municiones de plomo. Kapp sostuvo que no sabía que el arma tenía cartuchos con postas de plomo. En un careo con Cáceres, éste aseguró que le había avisado y Kapp dijo entonces que, en ese caso, no lo había escuchado. De todas formas, incluso la versión de Cáceres fue dudosa: en la plaza Colón de Baradero, donde los policías habían perseguido a Lucas, Tito y Walter, no se encontró rastro de la envoltura de ninguno de los dos supuestos cartuchos de plástico verde, específicos de la carga de munición de goma, y ninguna de las 18 municiones de goma (cada cartucho porta nueve) impactó en el cuerpo de Lucas. Sólo encontraron una posta de goma en la plaza, sospechosamente aportada por uno de los colegas de Kapp tras minuciosa búsqueda. En cambio, la carga completa de un cartucho con postas de plomo, nueve municiones, fue hallada en el cuerpo de Lucas entre sus órganos deshechos.

Estupidez, pero con puntería. Demasiada prueba para sostener la versión. Para colmo, ni siquiera fue verosímil la negligencia: el fabricante indica que los disparos con balas de goma deben realizarse a más de 10 metros, para obtener sólo resultados disuasivos. Kapp dijo que lo hizo a más de 15. Los peritos lo desmintieron: se hubiera perdido buena parte de las municiones por el ángulo de dispersión. En cambio, dijeron que lo había hecho a menos de siete metros y todas dieron en el cuerpo de Lucas. Durante las audiencias, nadie pudo entender y Kapp no pudo explicar por qué disparó, y peor aún, por la espalda. La versión paraguas, lanzada por Rambo Franzoia, el jefe de la Bonaerense de Baradero, apenas dos horas después de baleado Lucas, decía que los chicos intentaban eludir un control y se investigaba un posible enfrentamiento, versión tan endeble que ni el propio Kapp la usó después en su defensa y prefirió más accesible la de la estupidez. La explicación al por qué del disparo era bastante sencilla, pero más difícil de sostener para un simple oficial de Baradero: los policías son entrenados por sus instructores, incitados por parte de la sociedad y sus jefes, y legitimados por sus jerarquías, a acabar con la delincuencia, cuya caricatura es un adolescente, morocho y con capucha. Automáticamente, la Bonaerense de Casal pasó a ser un verde manzano y Gonzalo Kapp, un fruto erróneo. La diferencia con el resto de las manzanas fue que, en este caso, los jueces Cristian Eduardo Ramos, María Belén Ocariz y Laura Mercedes estuvieron dispuestos a sacudir esa rama.

El caso de Lucas arrimó, además, una notable diferencia con los casos mediáticos, caracterizados por víctimas de clase media en los que predomina el discurso de la inseguridad y en los que usualmente (salvo excepciones) no participa como ejecutor un uniformado: los familiares de Lucas no clamaron venganza ni pena de muerte. Sólo justicia. “Estoy conforme. Contento nunca voy a estar porque, si bien es el castigo que se merece, a mi gordo, como yo le decía a Lucas, no me lo devuelven ni mil años de prisión –dijo Miguel Rotela, padre del joven baleado, a la agencia Télam–. Hoy empieza el verdadero duelo. Lucas lo único que quería era vivir, él era feliz con su moto, algo tan simple. Los amigos eran su segunda familia, siempre lo recuerdan en los cumpleaños y dejan una silla libre”.

En: Página/12

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Perpetua a un policía

  1. Me acaban de comentar que el condenado Kapp dista de recibir el trato común sino que tiene trato diferencial, trabaja en la guardia, y se maneja como dueño; su celda no se cierra en toda la noche y funciona de buchón para el SPB.
    No tengo en claro si Kapp debiera ser tratado como el resto, o si el resto debiera ser tratado como Kapp. Salvo la buchonada, creo que me inclino en el segundo sentido. Claro que debería cambiar el sentido y la lógica de los muchachos del SPB. En fin, no es algo de lo que podamos culpar a Kapp. Lo que me parece más interesante de este caso es que Kapp no crea en la impunidad (fue condenado), que sus compañeros también lo entiendan, y especialmente (aunque es donde menos expectativas tengo) las autoridades de la Bonaerense, empezando por el pseudo Rudolph Giuliani Casal, empiecen a saberse responsables de una política que hace de los policías máquinas de matar.

  2. alba noemi perez saiz de naistud

    Gracias Horacio buen trato y mejor condena para un gatillo facil que por la espalda terminó con lucas,amiguero del barrio y con capucha,que es decir ¡un sujeto peligroso!
    Kapp trato deferencial es verguenza,es decir sigue la complicidad al no complir condena como cualquier hijo de vecino.
    Los detenidos que reunen ciertas características,son enjaulados,garroteados y terminan en suicidio.
    Casal tus dirigidos son máquinas del mal,sos tan responsable como el policia que privó a un pibe de barrio,llegar a desarrollarse en sociedad.
    Muy bueno el artículo y por no ser por este GRAN DETALLE de trato,uno podría pensar que se hizo justicia.
    Abrazo.Alba.

  3. julio

    Horacio. Si esto que es la nota de un valiente periodista uno lo toma como la denuncia de un ciudadano comun frente a esta temible bolsa de corrupción donde se sigue cubriendo al criminal con beneficios de “empleado” y desde la institución que éste formaba parte,uno temeria por la seguridad de este ciudadano .Cuanto coraje! Gracias.

  4. Alicia

    Buenos días,

    Estaba leyendo tu artículo y encontré un párrafo, que sigue en la línea – creo- de la confusión general:
    “El caso de Lucas arrimó, además, una notable diferencia con los casos mediáticos, caracterizados por víctimas de clase media en los que predomina el discurso de la inseguridad y en los que usualmente (salvo excepciones) no participa como ejecutor un uniformado: los familiares de Lucas no clamaron venganza ni pena de muerte. Sólo justicia.”

    Las clases sociales no se dividen por dinero, sino por paradigma.
    Cuando alguien golpea una cacerola y pide pena de muerte, por más Essen que sea la cacerola, esa persona pertenece a la clase media baja.
    El votante de Macri, al que don Durán apela sabiamente, es clase media baja. Si, con plata y a veces mucha.
    Yo tengo la hipótesis que con el neoliberalismo, la sociedad argentina (me refiero a la mayoría), bajó de clase.
    Del “Juicio y castigo” evolutivo y humano, de Madres y Abuelas al “pena de muerte” para el ladrón de poca monta, pero más pobre.
    La plata no cambia la clase social.
    Cuando discuto con alguno de ellos, les pongo de ejemplo a Maradona (al que odian) y ahí cambian de conversación.
    Esto se sostiene, además, con la elección para los hijos, de educación privada de baja calidad, con la simple intención de amucharse. Donde los chicos aprenden a resumir (o no) en vez de comparar textos y elaborar pensamientos. Son pocos los padres, de peradigma de clase media baja, que eligen colegios privados de calidad (considero que en las carreras universitarias con responsabilidad civil, la UBA debería tomar examen final de carrera. Macri es ingeniero. Bueno, ese es otro tema)
    Si les decimos a los caceroleros, por ejemplo, que son clase media alta, les estamos diciendo lo que quieren para diferenciarse. Pero no es real.
    Nada, hay autores grosos que sostienen esto.
    Un saludo cordial. Alicia

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