Cárceles: Un modelo agotado


Un aporte de nuestro amigo Mario Juliano,  juez del Tribunal en lo Criminal 1 de Necochea; y Presidente de la Asociación Pensamiento Penal, sobre las cárceles a partir de las informaciones que surgen de la U48 de José León Suárez y las anteriores, referidas a torturas en Mendoza:

 

Por Mario Alberto Juliano[1]

Los hechos recientemente revelados por periodistas de Página/12 respecto de la Unidad Penal 48 de San Martín (donde penitenciarios liberaban presos para que robasen automóviles, además de someterlos a tratos crueles, inhumanos y degradantes, comprensivos de violaciones, que además se habrían extendido a  familiares de los privados de la libertad), sumado a las filmaciones que emergieron de la cárcel de Mendoza, donde se muestran las torturas aplicadas a los detenidos, constituye la punta de un iceberg que en realidad expresa un sistema carcelario caracterizado por la violencia sistemática e institucionalizada, como desde hace años lo viene denunciando valientemente el Comité contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria.

Las torturas y el aprovechamiento de la relación de superioridad, sumado a la superpoblación, el hacinamiento, la ausencia de condiciones dignas de vida, la falta de atención médica, deficiente alimentación proporcionada, lo que en realidad revelan es el agotamiento de un modelo que, además de ser costosísimo para los bolsillos de los contribuyentes, no reditúa beneficios de ninguna índole, ni para la sociedad, ni para las propias personas privadas de la libertad.

El costo del mantenimiento de nuestras elefantiásicas cárceles es elevadísimo. Estudios realizados hace algún tiempo atrás, consistentes en la simple operación aritmética de dividir el presupuesto penitenciario por la cantidad de presos, arroja resultados sorprendentes: cada detenido cuesta  al erario entre cinco y diez mil pesos mensuales, dependiendo de la jurisdicción. Una suma suficiente como para que la mayoría de los presos no volviera a delinquir si depositáramos ese dinero en sus manos.

Este costo podría ser disimulado si los individuos que atraviesan la experiencia carcelaria fuesen devueltos a la sociedad en mejores condiciones de las que entraron, con posibilidades de evitar la recaída en el delito. Esto es, menos vulnerables. Pero lo cierto es que sucede todo lo contrario: los liberados son regresados en peores condiciones de las que ingresaron, y si alguna duda tenían sobre la carrera delictiva, ya la resolvieron en la prisión. De donde la ecuación costos/beneficios se torna verdaderamente catastrófica.

Entendemos llegado el momento (en realidad, superado con holgura) de que el Estado, nacional y provinciales, asuman la indelegable responsabilidad que les corresponde, y con una seriedad desprovistas de toda demagogia y sensacionalismo, sienten las bases de un nuevo sistema carcelario para la República Argentina, alejado de la lógica militarista y autoritaria en que actualmente se desenvuelve.

A modo de ensayo, meramente preliminar:

  • Es preciso desmontar las megalópolis carcelarias en que se han convertido la mayoría de las unidades, que albergan a miles de reclusos, los cuales se encuentran prácticamente librados a su suerte. Los lugares de alojamiento, para ser sanos y limpios, como lo requiere la Constitución, deben ser unidades de pequeñas, sobre las que sea posible ejercer control y operar benéficamente sobre los internos (educación, trabajo, salud, deporte).
  • Deben reformularse los servicios penitenciarios, desmilitarizándolos en forma radical, para convertirlos en operadores capaces de brindar ayuda eficaz a quienes la precisan, sobre la base de una sólida formación en derechos humanos.
  • Deben transparentarse los muros de las cárceles, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, de tal modo que la sociedad conozca qué es lo que sucede en su interior y se involucre en su funcionamiento, evitando, entre otras cosas, la ocurrencia de episodios de violencia como los que motivan estas líneas.
  • Las personas privadas de la libertad deben tener la posibilidad de acceder a herramientas que les permitan desarrollar sus capacidades y resolver sus debilidades. Herramientas que, válido es decirlo, debieron haber contado previo a estar encarcelados.

Albergo mis dudas acerca de la posibilidad de construir una cárcel humana. Tengo fundadas sospechas que ambos términos son antitéticos. Pero lo que no es admisible es que sigamos encarcelando personas con la promesa de la resocialización para someterlos al peor de los calvarios. La presunta superioridad ética del Estado frente al delito así lo impone.

[1] Juez del Tribunal en lo Criminal 1 de Necochea; Presidente de la Asociación Pensamiento Penal.

 

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Opinión

Una respuesta a “Cárceles: Un modelo agotado

  1. Jorge Murcia

    Querido Mario, una vez más leo para alinearme en la línea de pensamiento que venís desarrollando ya hace bastante tiempo a esta parte. Lamentablemente, por lo menos en el caso de nuestra Provincia, lograr humanizar las cárceles, es una utopía, y vivan las utopías, como moviento transformador. Pero decía, en Buenos Aires, no se vislumbra esa posibilidad, cuando quienes tienen la función de realizar el cambio son, como la Procuradora Falbo, una política profesional, Subsecretaria de Justicia, Diputada y Procuradora General, su militancia responde a la lógica de la permanencia en el cargo, no en la busqueda de la superación del modelo carcelario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s