¿Cuántos presos necesita la Argentina?


Abrimos con esta columna de opinión del Dr. Carlés un espacio de debate e intercambios sobre la situación carcelaria, las torturas y los dd.hh. Están invitados. Para la publicación envíen las columnas al correo horaciolqt@yahoo.com.ar. Para responder/cuestionar/aplaudir una opinión, simplemente escriban en los comentarios a la nota específica. Saludos. Horacio Cecchi.

Por Roberto Manuel Carlés *

Seguramente llame la atención del lector el título de esta nota.  Escapa a toda lógica, incluso al más llano sentido común, que una sociedad “necesite” presos.  Pareciera más razonable interrogarse sobre la necesidad o utilidad del castigo o sobre su real incidencia en la prevención del delito y la violencia.  Preguntas – a diferencia de cuanto pueda suponerse – que no tienen respuestas obvias.

Sin embargo, al momento de decidir qué hacer con la cuestión de la inseguridad urbana, buena parte de los políticos – temerosos de los medios u oportunistas – se limitan a abordar el “problema” sin apartarse del estrecho margen de la política criminal que, en concreto, no es sino la decisión política acerca de cuántos presos son “necesarios”. Desde ya, esto nada tiene que ver con una preocupación y atención seria a la problemática de la inseguridad y del delito.  Por lo general, estas decisiones tienen lugar en momentos de emergencia punitiva, un particular hecho social – esporádico, pero que se repite con frecuencia cada vez mayor – en el que se combinan y retroalimentan la acción de los medios, el oportunismo político y la ansiedad social; y que se traduce en reformas normativas que generan superpoblación y hacinamiento en las cárceles, lo que a su vez es causa de una serie de violaciones a los derechos humanos, que van desde el agravamiento de las condiciones de detención hasta torturas y ejecuciones encubiertas.  Por supuesto, en nada contribuyen a solucionar la problemática del delito o a disminuir la preocupación de la sociedad al respecto.

Hace algunas semanas, el economista Orlando Ferreres publicó en el diario La Nación una columna de opinión que no merece el menor análisis criminológico, pues su falta de rigor la refuta por sí sola.  Sin embargo, si nos detenemos un instante a analizar el razonamiento de Ferreres, en seguida nos damos cuenta de que “nos hace ruido” por lo burdo y rudimentario de su análisis, pero que en cuanto al fondo de la cuestión, no dista demasiado del discurso mediático dominante y del de un buen número de políticos.  Ferreres, luego de juzgar que “la inseguridad es actualmente el principal problema de la Argentina”, afirma que “ha existido un aumento importante de la población, pero no creció en igual medida la represión del delito”.  De este modo, comparando el índice de encarcelamiento de nuestro país con el de los Estados Unidos, llega a la conclusión de que la Argentina necesita más presos, puesto que “andarían sueltos unos 250.000 delincuentes”.

Dejemos de lado la curiosa alquimia demográfica que emplea Ferreres.  Estados Unidos – que concentra menos del 5 por ciento de la población mundial pero un cuarto de los presos de todo el planeta – es también el país industrializado con mayor índice de homicidios.  Las cárceles de los Estados Unidos, por otra parte, no están llenas de homicidas, violadores o asesinos seriales como los de las series que nos venden, sino de delincuentes bagatelares, consumidores de estupefacientes  y reincidentes de pequeñas infracciones.  Con más de 700 personas presas por cada 100.000 habitantes, tiene el índice de encarcelamiento más alto del mundo: si se considera solamente a los adultos, 1 de cada 10 estadounidenses está preso.  De los cuales, una gran mayoría son negros y pobres.

No escapa al economista que el sistema de encierro de los Estados Unidos es económicamente insostenible para nuestro país, pero curiosamente afirma que la sociedad “estaría dispuesta a pagar el costo económico” de vivir con menos temor.  De ese modo, sostiene, el Estado absorbería muchos costos que hoy en día asume el sector privado, como los gastos en seguridad privada de las empresas o de los barrios cerrados.  La conclusión, entonces, es que habría que construir más cárceles.  Son muchos los motivos que se oponen a esto, quizás la ineficacia preventiva de la cárcel sea el de mayor peso.  Pero lo cierto es, además, que un sistema de encierro como el norteamericano es impracticable en sociedades como las nuestras, en razón de sus elevadísimos costos.  Por ello, visto que no resulta posible neutralizar a un número tan vasto de personas como el que se pretendería, se promueve una “incapacitación selectiva”, que encuentra hoy en los jóvenes su blanco predilecto.  El Estado, ausente en todo momento, aparece en sus vidas tarde y con el garrote.

La situación carcelaria en nuestro país es crítica, como lo revelan los informes de los principales organismos de derechos humanos, nacionales e internacionales.  En diez años la población carcelaria argentina aumentó más del doble, no precisamente al ritmo de los delitos.  Más del 60% de los presos de nuestro país aún no han sido condenados, y muchos de ellos serán declarados inocentes.  Esta cifra es mucho mayor en la provincia de Buenos Aires, donde todavía se sienten las nefastas consecuencias de las reformas procesales del ex gobernador Carlos Ruckauf, que en diez años triplicaron la población penitenciaria.  No suele estar entre las preocupaciones de los políticos y, por esta razón, es imperioso que alguien – desde el poder – se haga cargo del problema carcelario.  Los jueces, antes de enviar una persona a la prisión, deberían cerciorarse de poder hacerlo sin vulnerar ningún derecho más allá de la libertad del condenado.  Es su obligación como garantes de la vigencia de la Constitución nacional.

Es de esperar que quienes aspiran a cargos electivos en el año en curso, no caigan en la tentación oportunista de manipular los legítimos intereses de seguridad y protección estatal de la ciudadanía, ofreciendo “soluciones mágicas”.  En particular, es imprescindible que tomen conciencia del alto riesgo que corren los jóvenes de clases bajas, víctimas de una sociedad excluyente que, además, ya los ha estereotipado.  En días recientes, una vez más, se ha instalado en la opinión pública la cuestión de la “edad de imputabilidad”.  Estos reclamos ignoran la incidencia real de los delitos cometidos por menores (en el orden del 4% en la provincia de Buenos Aires).  Es de esperar, también, que a diferencia de lo sucedido en otras oportunidades, si en algún momento emanara del parlamento alguna respuesta demagógica de corte punitivo, el gobierno nacional vetara esas normas.

Conclusiones como las de Ferreres, proyectos de disminución de la edad de punibilidad, etc., sólo son posibles ante la falta de datos fidedignos sobre el delito, carencia que favorece la manipulación de la opinión pública.  Por ello, es imprescindible la aprobación del proyecto de creación del Observatorio del Delito y la Violencia.  El gobierno de la Ciudad, por su parte, debe reglamentar la ley 2.593 (¡de 2007!) que creó el Sistema de Información para la Prevención Comunitaria del Delito y la Violencia.  Sin conocer el fenómeno sobre el que se pretende actuar se corre el riesgo de promover “soluciones” que sean parte del problema o, incluso, la causa de nuevas y mayores tragedias.


* Docente de Derecho Penal y Criminología de la UBA.  Investigador de la Università degli Studi di Ferrara y del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
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2 comentarios

Archivado bajo Opinión

2 Respuestas a “¿Cuántos presos necesita la Argentina?

  1. Sol

    Muy buena la nota. Lo de Ferreres es lo esperable. Es lo que refleja en él “la gente”. El problema es que, lo que refleja “la gente” es lo que primero ellos (esos medios formadores de opiniones tan particulares) pusieron en sus cabezas.
    No me sorprende que sugiera que el sistema yanqui es el adecuado y que aquí todos estarían dispuestos a pagar sus costos. Por un lado porque cualquier cosa que venga del país dominante es digno de un monolito para ellos (ojo, en cualquier momento sugieren que invadamos Irak). Pero, por otro, porque hablar de la “ola de inseguridad reinante en nuestro país” les sigue siendo rentable (un medio como ese no se sostiene si no existen este tipo de cosas). Esta bueno para ellos, y les conviene, que una persona x le tema a un lavacoches. Lo veíamos el otro día con el infeliz de Feinman y su notero preguntándole a los turistas en Mar del Plata si habían sufrido inconvenientes con los “trapitos”.
    Son muchas cosas las que tienen que reformarse. Reformar el sistema carcelario es urgente (eliminar al 100% los abusos de poder, generarles un marco de contensión, ofrecerles un trabajo a todos , etc). No importa cuál sea el delito que cometió quien está preso, sigue siendo una persona (aunque muchos levanten la bandera de la pena de muerte). Luego hay que hacer un paso a paso en la consciencia colectiva. No puede ser que por culpa de los zánganos que manipulan los medios, un tipo que pide monedas en la calle (que es tema aparte, ya que en un estado en el cual la consitutción se respeta esto no debería suceder, porque no haría falta), lava autos o no está vestido como ellos creen que debería vestirse, sea sospechoso e infunda miedo en el que va pituco para el trabajo. La cosa es mucho más seria. Deberían darse cuenta que el que les roba constantemente no está en la calle, está mucho más arriba, y ellos mismos los alaban. Está en la empresa para la cual trabajan, en el noticiero que miran, en el diario que leen, en el político al que votan.
    Al tema de la disminución de la edad de punibilidad no hay adjetivo que lo enmarque, cualquiera le queda chico. Es una vergüenza…

  2. La argentina no necesita más presos, todo lo contrario, lo que se necesita es mas justicia, y sobre todo para los jóvenes que la sociedad los excluye por la manipulación de los medios de comunicación , el mensaje es entran por una puerta y salen por otra, una tremenda mentira ya que las cárceles llenas de jóvenes adultos “ 18 a 21 años”, incluso por delitos menores y los jueces, lo que prenden es darle una respuesta a la sociedad, como dice el titulo “cuantos presos necesita la Argentina”, según los medios muchos.-
    Un chico que delinque es porque descuidado por su familia, porque no visualiza un futuro, porque no está contenido en la escuela y/o porque no va a la escuela, por no tienen trabajo, en definitiva porque no está contenido por la sociedad invidualista y excluyente en la que vivimos, incluso porque ellos le creen a los medios de comunicación cuando dicen “ entran por un lado y salen por el otro, la justicia no hace nada con los menores, pueden delinquir tranquilos” , que solapadamente inducen a infringir la ley a los más vulnerables que son los jóvenes más pobres, sin preparación, sin trabajo sin futuro y consecuentemente aptos para el negocio de la droga del más alto nivel de de la sociedad que viven country club o barrios cerrados y negocian con los que tienen “cobertura” en las villas de emergencia, siendo estos últimos los que van a la cárcel y por supuestos con los jóvenes que se los utiliza por medio del consumo.-

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