Jugar con Fuentes es un error de Nadie


Cuatro federales de tres comisarías diferentes fueron involucrados en un caso de secuestro extorsivo en una misma comisaría.

Dos fueron detenidos y hasta ayer, 18 de noviembre, dos estaban prófugos. En Página|12 publiqué una nota al respecto, cuyo título es “Una contribución para los preventores”.

En rigor de verdad, un día antes, La Nación publicaba en tapa la información.

Errada en alguna parte (por ejemplo en la cantidad de detenidos y de prófugos, y en las participaciones; tampoco tenía los nombres; equivocaba las jerarquías y demás), según mi criterio porque había sido hecha de apuro y con automatismos con la fuente. En un diario donde históricamente fue tan difícil cuestionar a la institución policial Federal, hoy resulta jugosa la contradicción de si prevalece la defensa de las instituciones o el vértigo de la primicia.

Los datos erróneos fueron reconocidos por La Nación durante la tarde del mismo día, cuando, con más tiempo, surgieron datos nuevos y mejores. Siempre ocurre. Pero en qué consistió el reconocimiento.

En el online hicieron malabarismos para modificar el error, al cargar la culpa a las famosas fuentes judiciales y policiales que por sí mismas no son nadie. Pero el método utilizado es tan curioso como absurdo: sugieren que esas mismas fuentes que mal informaron ahora están aclarando que tuvieron un error. Quiénes son esas fuentes? Nadie, porque La Nación incurre en el mismo error de hábitos: no las menciona con lo que podría ser un invento del periódico tanto la primicia como la corrección.

La comisaría 34ª ya tiene antecedentes en la pantalla grande

“Una fuente judicial y dos altas fuentes policiales habían informado a La Nación que los detenidos eran tres y que un sospechoso había logrado escapar de la comitiva que lo había ido a buscar a su casa. Pero ayer, las mismas fuentes se rectificaron y afirmaron que los apresados eran dos y los sospechosos, otros tantos” se disculpa La Nación y echa culpas a sus fuentes (o sea, a nadie) en el 3º párrafo del sugestivo subtítulo “Echar culpas”.

Para dar seriedad a la información (que no discuto porque parece cierta) deberían citar a la fuente errónea y no hacerse cargo de un error ajeno. ¿Por qué no la citan? ¿Quizás pierden la fuente? ¿O es que la fuente no existe? ¿Acaso La Nación, en su urgencia por la primicia prefiere publicar antes de chequear si es cierto?

En la nota que publico en Página12 no menciono, por ejemplo, los datos sobre vinculaciones de narcos con el remisero secuestrado. ¿Por qué no la publico? La información estaba, pero no cerraba. Si el remisero está vinculado con narcos como sugiere hoy La Nación, ¿es lógico que haya ido a hacer la denuncia a la misma Federal? No, es posible pero no lógico, salvo que tenga cobertura más arriba. Y cuando hay datos que no cierran, lo mejor es esperar y averiguar. La urgencia no puede obligar a publicar errores, y si estos sin embargo se publican, la admisión de ellos debe ser consecuente y no barrerlos bajo la alfombra.

Quien arroja sospechas sobre el remisero es un tal Fuente de la Federal (colegas de los involucrados) y de un modo semejante al que utilizan para su olfato lombrosiano.

La Nación cita en su error de primicia (9º párrafo): “Un jefe policial no descartó que la víctima del secuestro sea un presunto narcotraficante al que los sospechosos quisieron extorsionar. ‘Lo levantaron [sic] en cercanías de la villa 1-11-14’, dijo una fuente policial.”

El (sic) que coloca el periódico de los Mitre, no limpia responsabilidades periodísticas sino que las agrava. Por qué? Porque “un jefe policial” no es nadie que pueda responder por lo que dice. De hecho, no respondió y La Nación debió salir a hacerse cargo del error citando la fe de erratas de “fuentes judiciales y policiales”.

Es como decir que en la información de ayer Nadie se equivocó al pasar los datos que se publican, y ahora, Nadie aclara que esos datos estaban mal y que Nadie prefiere corregirlos. ¿Quién sostiene esa información? Pues clarísimo, Nadie. Nadie Fuentes.

En segundo lugar, el sic pretende decir que fue “un jefe policial” quien lo dijo y no La Nación, que sin embargo lo cree, ya que si no no lo publicaría.

En tercer lugar, haciendo el guiño de que existiera el tal jefe policial y que hubiera dicho lo que ahora dicen que dijo, me pregunto por qué el redactor de La Nación no repreguntó. Tratándose de información tan pesada, por qué el “un jefe policial” no la documenta? ¿Dónde está esa cuna de narcos en la 1-11-14? Sin negar que exista, si un funcionario la cita está obligado a respaldarlo. Del mismo modo que un periodista.

Hagamos buen periodismo.

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