Construir un monstruo


EL CHICO DE LA TOMA DE REHENES Y SUS 19 “CAUSAS”

Por Horacio Cecchi

Entre cuatro y seis horas demandó el lunes por la noche la negociación entre el mediador del GEOF y Piki, parapetado detrás de las persianas cerradas de Ramona, la perfumería de Rivadavia al 3700 que pasó a ser el centro de atención y alarma distribuida generosamente por la tevé. Un cuchillo barato fue el arma con la que había amenazado a las tres mujeres y al hombre que se encontraban en el local a la hora en que las persianas empezaban a bajar. Después, en lapsos de media hora, el chico fue liberando a sus rehenes y luego se lo vio salir con las manos en la nuca para que lo esposaran. Piki tiene 16 años y, según fuentes policiales, frondosos antecedentes, aunque escudándose en que “es un menor” los federales no dieron precisiones sobre el tema. No fue “menor”, en cambio, para informar que tenía 19 causas. “Sobre la cabeza de estos chicos se carga la falla del Estado y del mundo adulto que en el momento necesario estuvieron ausentes”, advirtió Verónica Rodríguez, del Serpaj. “Se lo va a juzgar en gran parte no por lo que hizo ayer, sino por lo que es, por conductas que no son penales”, sostuvo Laura Musa, titular de la Asesoría Tutelar porteña.

Piki quedó alojado en el Instituto Roca por orden de la jueza de menores Julia Marano Sanchís, a cargo de la causa y que hoy lo recibirá en su despacho. Después del asalto a la perfumería Ramona, que se inició alrededor de las 21, cuando en el local se encontraban la encargada, dos clientas y un cliente, ingresó Piki con un Tramontina y amenazó a una de las mujeres. Pero fue avistado por vecinos que llamaron a la policía. Poco después, la madre de Piki se hizo presente en el lugar y ayudó a que, finalmente, Piki cediera a ir liberando a sus rehenes.

Poco después, cerca de las 3 de la mañana, el chico salía de la perfumería con las manos en la nuca y era esposado. Después, las fuentes policiales que distribuirían generosamente cierta información, las 19 causas, y “protegería” por “menor” en los detalles. Sólo se dijo que eran causas previas, por “drogas, resistencia a la autoridad, lesiones leves, hurto y ahora asalto a mano armada”.

Ninguna autoridad policial determinó con certeza en qué consistían las 19 causas. “Forma parte de las costumbres policiales –explicó un especialista en niñez y adolescencia–. Hay que ver a qué llaman ‘causas’. Por ejemplo, en la tevé decían que le habían hecho una ‘causa por fuga de hogar’. Eso no es un delito, pero ya le están sumando.”

En la cotidianidad de la calle, “causa por drogas” a un chico es “cuando lo encuentran fumando un porro, que no está penado por la Justicia, pero que la policía sigue deteniendo. Cuando le llega al juez lo liberan, pero la policía se guarda el sumario”, agregó el especialista. Llaman “resistencia a la autoridad” cuando un policía pretende agarrar a un chico y el chico prefiere escapar. Llaman “lesiones leves” cuando el pibe se defiende y le pega una patada al policía. Lesiones leves es toda lesión cuya cura exige menos de 30 días. Un moretón en la pantorrilla del agente, por ejemplo. En todas esas ocasiones, el Estado estuvo ausente para evitarlo, pero no para castigar. “Hurto es sacar algo sin violencia, lo que hacen los pungas”, un delito menor que muchas veces ni siquiera se denuncia.

“Se están informando causas que no son delitos –señaló Verónica Hernández, integrante de la Guardia de Defensores de los Derechos de Chicos, del Serpaj–. Sobre estos chicos se invierte la carga de la responsabilidad. Se pone en la cabeza del pibe fallas del Estado y del mundo adulto que no funcionaron como protección de los derechos de los chicos cuando debían haber funcionado.”

Ayer, la madre de Piki dijo a algunos medios que “los chicos no son delincuentes, no nacen delincuentes, ni les gusta ser delincuentes. El problema es la excesiva venta de drogas que nadie controla”. Para el caso, nadie es el Estado. La mujer dijo que había pedido ayuda en varias ocasiones y no se la habían dado.

“En realidad ya hay una valoración de los 19 hechos, pero se hace como si no la hubiera –dijo Laura Musa–. No se configura delito, pero tampoco hay averiguación sobre si lo hubo. Como no se hace la averiguación, termina siendo un antecedente que fingen que no tiene nada que ver, pero que después pesa. Se lo va a juzgar en gran parte no por lo que hizo ahora, sino por lo que no fueron conductas penales en su momento.”

Poco después, una versión periodística confirmaba lo peligroso que había sido Piki antes de Ramona: “La jueza podrá tener en cuenta los anteriores problemas con la ley que tuvo el menor a la hora de resolver su futuro procesal, aunque no desde el punto de vista de antecedentes penales, sino como un patrón de conducta”, sostenía la versión, sin aclarar si se hablaba de la fuga del hogar, de la adicción como delito, de la resistencia a que lo agarren, o del moretón en la canilla.

En: Página|12
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