Historia de manosantas, estafas, amenazas y protección policial


Por Horacio Cecchi

“Pero mamacita, eso que usted tiene no es un lunar. Es una picadura de mosca africana. Traiga 200 pesos que yo le hago la sanación”, recomendó el doctor Roosman a una de sus pacientes, que por otra parte jamás había visto de cerca billetes de semejante valor. Desde hace unos dos meses, Roosman y la licenciada Milagros abrieron sus brazos sanadores a la comunidad de Mayor

Buratovich, un pueblo de 3500 habitantes, 100 kilómetros al sur de Bahía Blanca. Según ellos, su ciencia no tiene límites: el reuma se cura con rezos y 200 pesos, la sordera con 7 granos de maíz, un kilo de azúcar, huevos, arroz y 350 pesos; las depresiones con oraciones específicas y 500 pesos. Una concejal presentó una denuncia por ejercicio ilegal de la medicina. Intervinieron un juez de paz y Migraciones, porque la pareja de sanadores es ecuatoriana, con visas de turista vencidas. Una periodista fue amenazada y el intendente de Villarino se sumó reclamando la destitución del comisario del pueblo por protección al manosanta. Desde hace unos días, en Buratovich se desató el mayor de los escándalos y no hay orín de sapo que lo calme.
Cien kilómetros al sur de Bahía Blanca se encuentra Mayor Buratovich, un pueblo de 3500 habitantes dentro del partido de Villarino. Allí, un día impreciso de junio llegaron los ecuatorianos, Fernando Franklin Quevedo y Caterine Betsabet Villón Giménez. Quevedo y Giménez se hicieron más populares como el doctor Roosman y su licenciada Milagros. A ellos se agregó Raúl Rodrigo Conde, hermano de Quevedo, y que atiende también en Pedro Luro.
Se establecieron en una de las habitaciones de una vivienda sobre la calle Sartori, estratégicamente ubicada a unas cuatro cuadras del centro del pueblo. Y aunque el lugar es una vieja pensión que alquila habitaciones a quien sea, el doctor y la licenciada colocaron un gran cartel pintado en la pared del frente con un título sugerente: “Clínica del Alma”, dice y agrega más abajo: “Dr. Roosman”. Y si su llegada al pueblo, como corresponde a todo hecho celestial, fue de hecho y sin bullicios, los pobladores se enteraron rápidamente de su existencia a través de la radio local, la FM Mas. De lunes a viernes, de 12 a 13, Roosman y su colega-esposa aconsejaban, respondían y, especialmente, atraían hacia sí los dolores físicos del pueblo y los pesos que anduvieran sueltos.
Y todo funcionó de maravillas hasta que una mujer se acercó a la concejal justicialista Eva Nievas implorando que la ayudara a conseguir “450 pesos que le habían exigido porque si no su hija, María, se iba a quedar paralítica en silla de ruedas, con graves riesgos de morir -recordó Nievas a Página/12–. Para la consulta le pedían 10 pesos, pero no los tenían, así que pagaron 5”. La concejal relató que es tal la pobreza de la gente que “cuando los fui a ver, la chica estaba sola porque los padres después de un día sin comer habían salido a cazar una liebre”. A los pocos días se le acercó otro vecino, Humberto. “Tengo problemas, estoy muy sordo –le dijo Humberto–. Y me pidieron 350 pesos para extirparme el mal.” Extirparle el mal no pudieron, sólo los 10 de la primera consulta.
María Ester fue a lo del doctor Roosman porque uno de sus cinco hijos es sordomudo. Pagó la consulta y le dieron un papelito con lo que debía llevar para la sanación, a saber: 7 granos de maíz, 1 huevo, 5 kilos de arroz, 2 de azúcar y 350 pesos. Eliel Juvenal es chileno y jubilado de 85 años. Cobra 140 por mes y sufre dolores de reuma. Pagó los 10 de la consulta y se comprometió a llevar otros 200 en cómodas cuotas de dos jueves seguidos. “No es reuma, es un daño”, explicó Roosman. Al segundo pago, Roosman le dijo que comenzaría a orar en su provecho. A doña Francisca la atendió la licenciada. “Mamacita, eso que tiene no es un lunar, es picadura de mosca africana”, le dijo y le pidió 200 para los rezos.
El 15 de julio, Nievas se presentó en la subcomisaría del pueblo, a cargo del subcomisario Amílcar Dietrich, para presentar la denuncia. Elcaso derivó al juez de paz de Médanos, Jorge Galandrini, y Migraciones de Bahía Blanca. Pero bastó que el caso fuera publicado por el diario La Nueva Provincia para que la corresponsal recibiera un sugerente llamado (grabado): “Usted me jodió el laburo. Yo atiendo en toda la provincia. Sé de las necesidades inmediatas que usted padece –advirtió el doctor Roosman–, sobre todo la seguridad de su hijo”. La amenaza desató un escándalo. Ahora, el intendente de Villarino, Jorge Simoni, exigió que el comisario sea desplazado por proteger al manosanta.
Roosman y la Milagros, por ahora, siguen con sus sorprendentes curaciones pero levantaron el programa en la FM, para evitar la mala onda.

En: Página/12

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