En la guerra contra el mal olor el misterio se mantiene invicto


 

Por Horacio Cecchi
Después de tres días de aparecer y desaparecer en la atmósfera de los porteños yna14fo01 de los habitantes del conurbano, ayer de madrugada, la cola de la misteriosa nube del mal olor y quizás tóxica fue rozada por el olfato de los sabuesos de la división de Delitos Ecológicos de la Federal. Después de husmear en busca del rastro a lo largo y ancho de la ciudad y alrededores durante dos días, ayer de madrugada, un equipo de uniformados y un representante del juez federal Carlos Liporaci allanaron una vieja usina de Segba comprada por la empresa Central Dock Sud S.A., en el barrio homónimo, con la sospecha de que desde allí era emanada la errática nube. Finalmente, los peritos no lograron confirmar la sospecha, e hipótesis y nube se

volvieron a evaporar.
“Pero que es de Dock Sud, es de Dock Sud”, aseguró ayer a Página/12 Jorge Ferronato, subsecretario de Servicios Generales del Gobierno porteño. Después del lunes pasado, que quedará consignado como el Día del Mal Olor, luego de que alrededor de diez mil vecinos saturaran los números de emergencias por un persistente “olor a gas”, el jefe de Gobierno, Enrique Olivera, ordenó a Ferronato iniciar una investigación y presentó una denuncia ante el juez federal Carlos Liporaci. Entre las hipótesis a seguir figuraba el tránsito clandestino de sustancias tóxicas.
En realidad, hipótesis había muchas. Una de las primeras que se barajó fue la de un camión transportador de mercaptano –un gas odorizante que se mezcla al inodoro gas natural para ser detectado– con una pinchadura en su cisterna. Finalmente la idea fue descartada. Pero los federales detectaron el mismo día rastros de mercaptano en el cruce de la avenida Directorio y la autopista 25 de Mayo. La ansiedad que provocó el descubrimiento no pasó de las 24 horas: al día siguiente, burlándose de las papilas olfativas de los investigadores, La Cosa reapareció y se disolvió.
“En el mismo horario –sostuvo Ferronato–, los dos días. Lo detectamos por los llamados. Empiezan a las 20.30, a las 22 se intensifican y después baja la cantidad hacia la medianoche. Reaparece entre las 2 y las 4 con mucha intensidad.” Pero el rastreo de olores de La Cosa no sólo no cejó sino que se utilizaron todos los medios disponibles para dar con su estela: “Un equipo de Defensa Civil sobrevoló la ciudad en un helicóptero de la Policía Federal –explicó Ferronato–, mientras otros recorrían todos los barrios, y una lancha facilitada por la Prefectura atravesaba de punta a punta el Riachuelo. Una de las posibilidades analizadas era que alguien estuviera echando tóxicos a los afluentes.”
–¿Y? –preguntó este diario.
–Nada. No se pudo detectar.
Con una avioneta facilitada por la Bonaerense, se recorrió el conurbano. La búsqueda empezó por La Matanza, siguió por San Martín, se hicieron varias pasadas por Avellaneda y Dock Sud. Paralelamente, en Avellaneda surgía un rastro: la Escuela 33, Jorge Newbery, ubicada en Ingeniero Huergo 1534, fue cerrada por emanaciones “insoportables que provocaron descomposturas a varios alumnos”, denunció la vicedirectora Silvia Martínez. También en el cercano jardín de infantes de Luz y Fuerza, los chicos salían con los ojos y las vías respiratorias irritadas. Los investigadores comenzaron a atar cabos. Los primeros llamados de emergencia surgían de la zona de Dock Sud. Y comenzaron esta semana.
“Coincide con los días en que Central Dock Sud empezó a poner en marcha la usina”, señaló el intendente aliancista Oscar Laborde. La empresa, distribuidora de energía en la zona sur, aún no comenzó sus servicios. El año pasado, este diario publicó el conflicto entre los vecinos de Villa Inflamable y los españoles de Central DS, cuando se inició la colocación de las torres para el tendido de cables de alta tensión que pasarían sobre sus cabezas. Hace veinte días, los cables fueron colocados en las torres y comenzó a funcionar la usina. “Le enviamos una intimación por ruidos molestos y labramos un acta de infracción”, dijo Laborde. “Un ruidoensordecedor que parecía el motor de un camión haciendo fuerza todo el tiempo”, relató una vecina de La Inflamable. “El ruido salía de los cables”, aseguró otra. “Vibraban y los televisores se quedaban sin imagen.” La empresa detuvo el funcionamiento durante quince días. Pero esta semana, reinició las operaciones. Y en los mismos horarios en que La Cosa hace su aparición.
El dato llegó al juzgado de Liporaci. Ayer, a las 2 de la madrugada, Delitos Ecológicos de la Federal y un secretario judicial allanaron la usina y tomaron pruebas. Pero anoche, a la misma hora en que Central Dock Sud deslindaba responsabilidades, las pruebas de los peritos daban presencia negativa de mercaptano. Y los vestigios de La Cosa volvieron a desaparecer.

En: Página/12

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