La policía movilizó multitudes


HUBO 1300 EFECTIVOS PARA CONTROLAR UNA MARCHA DE 1500 PERSONAS

Por Horacio Cecchi

Envuelto en la camiseta de Boca, con una bandera argentina en una mano y un petitorio por 5 mil puestos de trabajo y 50 mil kilos de alimentos por mes en la otra, Antonio González, representante de los jubilados, dejó atrás el sonido de los bombos y el griterío que lo respaldaba desde la Plaza de Mayo y se internó en la Casa Rosada. No llegó muy lejos. El petitorio quedó asentado en la Mesa de Entradas. Igual suerte corrieron en el Ministerio de Trabajo, donde les recomendaron que cursaran el pedido en Economía. Sin pasar por los supermercados, en laberintos burocráticos pero exteriorizando un caldo de presiones emergentes, así concluyó la temida (por el Gobierno) marcha del hambre, la primera del ‘99, que concentró en Buenos Aires 1500 manifestantes de la Corriente Clasista y Combativa del Perro Santillán y del Movimiento de Jubilados Independientes del detenido Raúl Castells. Rodeados por 1300 policías.

“Si no quieren que les pidamos a los supermercados, entonces que nos dé Menem lo que nos prometió: 5 mil puestos de trabajo y 50 mil kilos de comida por mes”. Con esa consigna y con el reclamo de libertad a Raúl Castells, detenido el viernes pasado por “incitar al saqueo de los supermercados”, se inició la marcha de los desocupados, los jubilados y el hambre. El Gobierno había anunciado un despliegue de fuerzas policiales inusual. “No queremos que ningún chico aparezca en una foto sacando algo de un supermercado y que después esa foto recorra el mundo”, comentaron por lo bajo voceros del Gobierno, en lo que pareció más la construcción del fantasma de los saqueos que un peligro real. Los mismos dirigentes se preocuparon por insistir durante toda la jornada que “con los supermercados, nada, nunca dijimos nada, son cosas del Gobierno”, como sostuvo Carlos “Perro” Santillán desde Jujuy, donde también se realizó una marcha (ver recuadro).

A las 11, los jubilados comenzaron a concentrarse frente a uno de los edificios de la ANSeS, en Hipólito Yrigoyen al 1400, sobre la Plaza Lorea de Congreso. Eran entre 150 y 200. Alrededor de 16 mil años, todos juntos, con bombos y banderas. “Que nos den lo que prometieron y que lo suelten a Castells. El que tiene que ser procesado es Carlos Menem, por hambreador, entreguista y represor”, dijo a Página/12 Carmen Orellana, una viejita de 81 años, apretada entre sus arrugas y la bandera argentina que la doblaba en estatura. “No le tengo miedo a la policía, si no hice nada. Y ponga, apoyamos la huelga de los médicos del PAMI y estamos en contra de la campaña racista de Menem”, decía la viejita, dispuesta a marchar con sus pares. El primer paso de los manifestantes fue iniciar una serie de trámites de pensiones y jubilaciones. Pasaron por el PAMI para reclamar subsidios y después de tres horas y 13 cuadras, estaban frente a la Casa Rosada, confluyendo con la columna de la Corriente Clasista y Combativa del Perro Santillán. A esa hora, juntos eran unos 500. Fue cuando Antonio González entregó el petitorio dirigido al hincha número 1 de River. En realidad, el reclamo quedó sometido al papeleo de rigor, con el número correspondiente en Mesa de Entradas.

A las 15.30, la columna ya se había engrosado, pese a la versión oficial. “Son alrededor de 400, muchos se fueron quedando en el camino”, sugirió el comisario inspector José Antonio Denisio, a cargo de los uniformados que, según su propia versión, triplicaban en número a los manifestantes: 1300 policías. “¿Les tienen tanto miedo?”, preguntó este diario. “No, no, es por las dudas”, respondió el oficial. Eran dos cuadras de gente apretada que bajaba por Leandro Alem, unas 1500 a 2000 personas que fueron surgiendo de la nada. Había de todo un poco: jubilados, desocupados, mujeres con bebés en brazos, muchos jóvenes, mucha cara áspera, alguna que otra militante atractiva, algunos miembros de Quebracho, todos rodeados por una soga sostenida por los de seguridad de los desocupados, y seguidos de cerca por una centuria policial. La columna, encabezada por Juan Carlos Alderete, del Movimiento deDesocupados de la Corriente CyC, y Nelva Salazar, del Movimiento Independiente de Jubilados, avanzó sobre una mano lateral de la avenida hacia el Ministerio de Trabajo. En el camino fue cargando presión al ritmo de los bombos y de las consignas contra Menem. Al llegar al ministerio, después de una breve negociación con la cabeza policial, cuatro representantes de la corriente y cuatro de los jubilados entraron. Los recibió el secretario de Trabajo, Diego Estévez. La reunión duró poco. “Volvimos con las manos vacías”, informó Alderete a través de un parlante, “nos dijo que vayamos a pedir a Economía, que son ellos los que manejan la plata”. Media hora después, mientras la columna se disgregaba, una anciana embanderada en sus arrugas dijo: “Cómo vamos a confiar en el juez que juzga a Castells, si los jueces roban en los supermercados”.

En: Página/12

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