El día que cayó un ovni en Chascomús


PERIODISTAS, POLICIAS Y CURIOSOS BUSCARON UN PLATO VOLADOR

Por Horacio Cecchi

–Atento, radio… aquí Angel, ¿me copiás? –el movilero Angel Cuevas,

na19fo01.jpg (6749 bytes)

Una radio lo dijo: había caído un ovni. Salieron dos patrulleros, radios, canales de TV y curiosos a buscarlo. El comisario recibió llamados hasta del Ministerio de Seguridad bonaerense. Sólo después se dieron cuenta de que era una broma.

internado en el monte, en una zona imprecisa de la localidad bonaerense de Manantiales, interrumpió la transmisión habitual del programa “Nostalgias” de la FM Volver de Chascomús.

–Adelante, Angel, te estamos recibiendo bien –respondió José María Castedo, conductor del programa.

–Ya llegamos al lugar –se escuchó decir a Cuevas, con su voz entrecortada por las interferencias y por la emoción–. Me encuentro con el lugareño que vio caer el objeto, se llama Jacinto Fernández, tiene 17 años. Estamos los dos solos aquí… Fernández, ¿qué fue lo que vio?

–Vi caer algo en medio del monte… Es como un plato de sopa dado vuelta… Perdón, pero estoy asustadísimo… Es plateado…

Hay pocas cosas capaces de conmover la mansedumbre de las tardes pueblerinas. Una campaña presidencial, un Luis Miguel de gira ocasional, la explosión de un polvorín, o la caída de un ovni. Esto último ocurrió en Chascomús pero no trascendió por cuestiones obvias. El relato radial mantuvo en vilo a la población, movilizada en busca del objeto perdido, incluidos dos patrulleros, el Ministerio de Seguridad de León Arslanian, los medios locales y algunos canales de televisión nacionales. Muchos creyeron haberlo visto, hasta que el responsable del programa reconoció que todo se trataba de un homenaje a Orson Welles y su transmisión radial de la Guerra de los Mundos, de H. G. Wells.

–Estamos solos, todavía no llegó nadie… lo sigo a Fernández… estamos cerca… te dejo –se despidió Cuevas como si fuera la última vez.

–Perfecto, perfecto, quedamos en línea abierta… –respondió el conductor. Eran las 19.11 del 31 de octubre y en Chascomús la fiebre ya se había desatado desde hacía una hora. La noticia, difundida por la FM Volver, llevó a los oyentes desde el total escepticismo hasta un fervor de curiosidades y pánico, movilizados en cuanto vehículo tuvieron a mano para encontrar el lugar donde se encontraba el ovni. Desde el estudio de grabación, José María Castedo intentaba mantener los cortes publicitarios y la cordura:

–… el más amplio surtido en prendas, ropa de cama y zapatería. Atendemos todas las obras sociales, tarjetas de crédito…
Pero casi desaforado, Cuevas se aparecía en medio de las publicidades.

–Atento radio, atento… ¿me escuchás?… llegamos al lugar. Esto no es lo que suponíamos. No es un avión. Esto es un aparato que jamás vi… estamos muy cerca. Tiene un diámetro de entre 13 y 14 metros, una altura de 4 metros, y como dijo el chico (por Fernández, o sea Gastón Lacoumette, un chico que había pasado casualmente por la radio), parece un plato de sopa dado vuelta, y en su parte superior tiene como un pocillo –largó el arriesgado movilero al aire, sin inmutarse y solidario con su comprensible estado emocional–. Lo raro es que en el lugar no hay pajaritos… notamos leves vibraciones en las piernas… no lo queremos tocar por precaución.

na19fo02.jpg (9129 bytes)
El ferretero no fue tras el ovni para no cerrar el local, pero su vecino sí lo hizo. Y llevó un sonar.

na19fo03.jpg (6407 bytes)
El comisario Padrón dice que no se lo creyó, pero mandó dos patrulleros “como medida preventiva”.

En lo de Fernández

A esa hora, una columna de autos buscaba desesperadamente entre los caminos rurales alguna señal que indicara el lugar donde se encontraba el ovni. Dos patrulleros de la comisaría encabezaban la peregrinación. Algunos dicen que los policías llevaban una cámara de video. “Iban a buscar pero no sabían dónde”, relató más tarde Orlando de Castro, dueño de una conocida ferretería local. “La policía escuchó Manantiales y Fernández y terminó poniendo vallas en las tranqueras de un campo llamado El Manantial, de un abogado de apellido Fernández”, explicó a Página/12 Fernando Prieske, director del diario El Imparcial y columnista del programa. También los medios locales se subieron a la comitiva: en Chascomús funcionan cuatro diarios y cuatro radios. Todos se lanzaron camino a lo de Fernández. Todos menos la gente de El Imparcial y de la FM Volver, que inventaban la búsqueda sentados en el estudio de grabación.

–¿Presenta algún tipo de averías? –preguntó Castedo.

–No, no. Está entero –respondió Cuevas desde una pieza contigua–… no se ven puertas ni ojos de buey, nada por el estilo. Es de un material raro. No se cómo describírtelo… es de un elemento nunca visto.

–¿Ya llegó la fuerza pública?

–Desde acá diviso una polvareda. Puede ser la policía o algún medio colega –dijo el cronista, a una distancia nada prudente del objeto.

Según el relato, de la polvareda emergió un policía.

–Atento radio… Tengo acá al responsable del operativo, el subcomisario Miguel Angel Carrara. ¿Qué nos puede comentar, subcomisario?

–Afirmativo… cuando nos apersonamos en el lugar pudimos detectar una especie de platillo –informó el oficial Carrara, o sea el locutor Miguel Angel González–…, tiene unos 13 a 14 metros de diámetro. Pudimos determinar que no hay pajaritos en el lugar –acotó, muy impresionado.

–Oficial, ¿qué medidas de seguridad van a tomar?… porque ahí vemos otra polvareda que deben ser curiosos y esto se pone muy peligroso…

–Afirmativo, vamos a colocar un vallado preventivo y vamos a llamar a las Fuerzas Armadas, pero no puedo decir más por el secreto de sumario.

Mientras el seudooficial Carrara daba las últimas indicaciones, llegó al estudio el columnista Fernando Prieske: “Quiero adelantar a los oyentes que ya tenemos fotografiado al objeto”, aseguró el periodista.

A partir de ese momento la cuestión tomó otras dimensiones. En la FM no hay teléfono, pero en El Imparcial y en la comisaría de Chascomús la campanilla no paraba de sonar. La gente quería saber si era cierto y para dónde había que apuntar. El comisario real Norberto Padrón se encontraba en la casa de unos conocidos cuando se enteró del suceso. El sargento ayudante también real Omar Fiebelkorn no quiso pasarle el informe por teléfono y decidió, por la gravedad del asunto, constituirse personalmente ante su jefe. “¿Qué hacemos, vamos para allá?”, preguntó el sargento.

 

Esto va en serio

Padrón decidió enviar a Fiebelkorn a la cabeza de dos patrulleros. “Me di cuenta de que era una broma –asegura ahora Padrón, ya pasado el zafarrancho–. Pero me preocupaba que hubiera tanta gente dando vueltas por caminos de tierra. Podía pasar algo. Los mandé como medida preventiva”. Fiebelkorn no logró disimular el rojo pudoroso que avanzaba sobre su rostro. Durante la búsqueda, la radio del sargento había dejado de funcionar. “Esto va en serio”, pensaron en ese momento los ocho policías internados en el monte. “Al final era un cablecito”, recordó Fiebelkorn.

–José María, ¿me escuchás? –insistente, Cuevas pedía aire–. Acá se está haciendo de noche. No hay luces. Parece que van a mandar un helicóptero para que ilumine. Esto se está poniendo feo.

Lejos del estudio donde se encontraba Cuevas, unos 150 vehículos reales se habían concentrado frente a la tranquera de Fernández. “Yo no pude ir por responsabilidad comercial –reconoció el ferretero–, tenía el local abierto y además, ¿a qué iba a ir si la policía (por el falso Carrara) no me iba a dejar pasar? Pero ellos sí fueron”, dijo De Castro y señaló a Leo y Osvaldo, dos vecinos de la ferretería. “Yo me trepé a la chata y fui a buscarlo con unos amigos”, sostuvo Osvaldo sin poder contener la risa. Leo, confeso creyente de la existencia de otros mundos, admitió haber montado a su moto y haber partido en busca del ovni provisto de un tester que detectaría el lugar preciso. “No me lo iba a perder. Mirá si lo hubiera encontrado”, aseguró el dueño de la moto.

La urgencia por primicias provocó algunos equívocos entre los medios locales y nacionales: el director de una de las cuatro FM locales decidió levantar la transmisión de un partido de fútbol y salió con el cronista en busca del plato volador. Mientras recorría los caminos rurales, la primicia se le hizo muy fuerte y empezó a transmitir en directo: “Lo estamos viendo, lo estamos viendo”, se lo escuchó describir al objeto inexistente. Todos los diarios locales, al día siguiente acusaron recibo del chasco en primera plana. No fueron los únicos: “Telefé llegó hasta el peaje”, aseguró Prieske. “Los de Canal 13 y del Ministerio de Seguridad y Justicia me llamaron al celular”. acotó Padrón. “Querían saber lo que pasaba”. Y no había pasado nada. A las 19.37, Castedo reconoció que todo era ficción, un homenaje a Orson Welles. Por las dudas, al salir de la radio, se presentó espontáneamente en la comisaría a hacer su descargo.

“Vas a ser el gauchito”

Desde hace un año José María Castedo conduce el programa “Nostalgias” en la FM Volver, de Chascomús, dedicado a recordar momentos especiales matizados con buena música. Todos los sábados de 18 a 20, Castedo se sienta en el pequeño estudio de la calle Garay y desarrolla un tema. El sábado 31 de octubre, un día después de que se cumplieran 60 años de la emisión radial de “La Guerra de los Mundos”, de Orson Welles, Castedo ya sabía de qué iba a hablar. Pero no cómo.

“Llegué a la radio a las 17. Hasta ese momento pensaba relatar a los oyentes en qué había consistido la idea de Welles. Pero no estaba convencido. Necesitábamos hacer algo más fuerte”, explicó Castedo. Media hora antes de iniciar el programa se le ocurrió teatralizar el homenaje. “Cayó un ovni en Chascomús”, pensó y de inmediato se puso a tramar el guión con el locutor Miguel Angel González. “Necesitábamos el testimonio de alguien”. En eso apareció por la radio Gastón Lacoumette, un muchacho que traía un casete para grabar. “Vení para acá. Vos vas a ser el gauchito Jacinto”, le dijo Castedo y le explicó el personaje. “Le pusimos Jacinto porque es de campo y Fernández porque fue el primer apellido que se nos ocurrió”. También hacía falta un movilero: resultó Angel Cuevas, un periodista que tiene sus oficinas junto a la radio. González hizo de subcomisario. “No nos convencía ningún apellido, hasta que en un diario vi una nota sobre una muestra de esculturas de mármol de Carrara. Ya teníamos el apellido”. Fernando Prieske, el director de El Imparcial, llegó más tarde y sin saber de qué se trataba se sumó a la broma. Castedo hizo de Castedo, desde el estudio.

Cuevas empezó su relato en el pequeño baño de la radio, para no complicarse con los acoples. Después se trasladó a sus oficinas, contiguas a la radio. Transmitía desde un handy, mientras que desde el estudio el operador Juan José Nicolini mezclaba algunas interferencias de ambiente. No contaban con más medios. Lo demás fue imaginación y la desinteresada participación de los extraterrestres.


Lo que hizo Orson Welles

“¡Está abierta! ¡Se ha soltado la tapa! ¡Cuidado!, ¡échense atrás!, señoras y señores, se trata de la cosa más terrorífica que he presenciado nunca… ¡Un momento! Alguien se está deslizando fuera por la abertura superior… ¡Alguien o algo!, puedo ver cómo dos discos luminosos miran desde el agujero negro… ¿Son ojos? Podría tratarse de… ¡Dios santo! Algo está saliendo de la sombra, retorciéndose como una serpiente gris. Ahora van otro y otro. Parecen tentáculos. ¡Sí! ¡Puedo ver el cuerpo de la cosa! ¡Es grande como un oso y brilla como el cuero mojado!…”

El 30 de octubre de 1938, un aterrorizado cronista relataba en vivo y en directo la llegada de platos voladores a Nueva Jersey. Se trataba, en realidad, de la teatralización radial de La guerra de los mundos, novela de ciencia ficción de 1898 en la que el inglés H. G. Wells describió una terrorífica invasión de marcianos en Inglaterra. Cincuenta años después, Orson Welles adaptó el libro y lo transmitió como si fuera real, desde su programa “Orson Welles and The Mercury Theatre on the air” emitido por la señal de la CBS. El programa se inició normalmente con la transmisión de un concierto desde Nueva York, pero imprevistamente fue interrumpido por un informe en el que un científico aseguraba haber detectado un gas luminoso que se acercaba a la Tierra proveniente de Marte. Un rato después, el gas se transformó en platos voladores. En el relato, un ejército de 7 mil hombres fue diezmado hasta quedar sólo 150. El pánico que se desató en Estados Unidos provocó una ola de suicidios, fugas, carreteras atestadas, sistemas de comunicaciones recargados, partos prematuros y el aumento de la tasa de natalidad por la llegada del fin del mundo. “La gente huía despavorida”, decían los medios. “Algunos huyeron a los montes de Dakota”. Pocos escucharon la confesión final de Orson Welles, que recordaba, como lo había hecho al comienzo del programa, que todo se trataba de una ficción. En 30 minutos de transmisión, dos millones de personas habían sentido el impacto en carne propia.

En: Página/12

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Crónicas

Una respuesta a “El día que cayó un ovni en Chascomús

  1. noelia

    este fue el mejor cuento

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s