La huella del Hombre Araña


TRAICIONADO POR UNA NECESIDAD FISIOLOGICA

Por Horacio Cecchi

Lo encontraron poco antes de la medianoche del martes, en una terraza de laEL_Asombroso_Hombre_Araña Recoleta, antes de que consumara el robo. Al “Ratón” Ayala, versión vernácula del Hombre Araña, de 24 años y prontuario en el rubro, lo descubrió una nena del edificio cuando saltaba de techo en techo con un juego de sogas de alpinismo y envuelto en un traje oscuro. Lo buscaban desde hace tres meses. En febrero, un peruano también especializado en el robo de alturas había sido detenido en una terraza de un edificio de Colegiales, con despliegue de patrulleros y helicópteros. A diferencia de aquel caso, a este hombre araña lo detectaron por el olor nauseabundo que despedía el cuarto de la terraza donde se había ocultado.

Como el legendario Zorro, el “Ratón” Ayala había decidido dejar alguna huella de su paso.

–¡Mirá papi!, un señor está saltando a nuestro techo.

A las 23.30 del martes, el “Ratón” Ayala volaba desde el techo del edificio de Vicente López 1860 hacia la terraza del número 1864, de siete pisos. Pese a la luna nueva, al cielo nublado y a su ropa oscura, una chiquita de 10 años lo descubrió, azorada, mientras hacía vaivenes en el aire. El llamado a la seccional 17 derivó en cuatro patrulleros y doce hombres que rodearon la manzana y comenzaron a registrar, piso por piso, cada uno de los departamentos de los dos edificios.

Al abrir la puerta de la terraza del 1864, el subcomisario Norberto Gavilán percibió un olor característico que llamaba la atención por lo infrecuente del lugar. Todo indicaba que provenía de un cuarto de herramientas. Hacia allí se dirigieron Gavilán, un subinspector y un agente. Efectivamente, el olor provenía del cuarto. Allí estaba el “Ratón” Ayala, que se entregó sin resistencia por lo precario de su situación. Junto a él, además de la marca de su paso, había dos juegos de sogas, “una de doce metros y otra más corta –describió el subjefe de la seccional Carlos Cheroni a Página/12–. Las sogas tenían nudos como las de alpinismo para trepar mejor, y también ganchos para sujetarse a los balcones y poder descolgarse. No estaba armado porque saben que si los agarran la cosa se les complica”.

El del “Ratón” no es el primer caso. El 3 de febrero pasado, un peruano de 22 años, ex trapecista de circo, fue detenido en un edificio de Colegiales mientras se descolgaba con sus sogas, traje negro y cara pintada. Llevaba varios meses de desvalijar departamentos en Barrio Norte y Palermo y había cumplido dos años de condena por robo. Antes, en 1993, otro ladrón fue atrapado con sogas en el barrio de Congreso y en 1989, una banda de hombres araña fue desarticulada en Barrio Norte. El primer antecedente conocido en la ciudad tuvo lugar en la década del ’40, en la Boca. No era araña sino mosca, porque trepaba las paredes con ventosas.

Pero Ayala parece ser distinto de todos sus antecesores. Detenido y a disposición del juzgado Criminal y Correccional 7, a cargo de Susana Garrigós de Rébori, está imputado por violación de domicilio ya que, en principio, el artículo 163 del Código Penal que se refiere al robo por escalamiento no sería aplicable si es que no llegó a robar nada. Mucho más difícil de encuadrar resulta el tema de la firma.

En: Página/12

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